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Porta de Sant Antoni

Por Francesca Jaume
lunes 02 de octubre de 2017, 02:00h

Palma se está rehabilitando por fases. Están siendo muchas las barriadas que, habiendo estado en situación de decadencia o dejadez, han sido objeto de una revitalización que les ha dado nueva vida. Recordemos los casos de Sa Gerreria y Santa Catalina/Jonquet, así como las tareas encaminadas a recuperar la parte de El Terreno de Gomila.

Desgraciadamente, no siempre los resultados son del todo óptimos, más que nada porque las barriadas las hace la gente, y si la gente que contribuyó a la degeneración continua en su proceder, de poco habrán servido los millones invertidos en la zona.

Es el caso de Sa Gerreria en su confluencia con la Porta de Sant Antoni. Plagada de pisos rehabilitados y despachos de abogados, sigue siendo zona de reclamo de servicios de prostitución -están a la vista a plena luz del día- y parada de “kundas” que salen cada cinco minutos hacia el hipermercado de la droga de nombre Son Banya.

Las esperas de drogodependientes -apresados por el síndrome de abstinencia- para conseguir una plaza dentro de estos coches son visibles a cualquier hora del día, lo que genera sin duda molestias e inseguridad entre los vecinos o trabajadores de la zona, sobre todo cuando se fraguan peleas entre ellos.

Cierto es que la Policía Nacional patrulla la zona a ratos, aunque poco está en sus manos. Hasta la fecha, ser yonki no es un delito, y transportar a personas a cambio de dinero sin licencia de taxi será una irregularidad administrativa, pero no un ilícito penal.

En este caso, aunque la Porta de Sant Antoni se haya vestido de seda, mona se ha quedado. Una mona en la que hay mucho mono.

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