Remedios

Quemadura solar al segundo día: qué aplicar y qué no tocar

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El segundo día tras la quemadura solar es el peor. La piel está inflamada, tensa y más sensible que la víspera. Lo que apliques en esas horas puede acelerar la recuperación o convertir una quemadura leve en un problema que dure semanas.

El error no se comete bajo el sol. Se comete al día siguiente, cuando la piel ya está roja y la persona decide que un poco de aceite bronceador, una ducha caliente o nada en absoluto es suficiente respuesta.

La quemadura solar —denominada eritema solar en la literatura médica— es una inflamación aguda de la piel provocada por la radiación ultravioleta de tipo B. El primer día suele ser el del descubrimiento: el enrojecimiento aparece entre dos y seis horas después de la exposición, según recogen los protocolos de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES). El segundo día es el del daño real: la inflamación alcanza su punto máximo, la piel puede presentar edema —hinchazón visible—, calor localizado y, en quemaduras más intensas, ampollas que no estaban presentes la noche anterior.

Ahí es donde la mayoría se equivoca.

LO QUE FUNCIONA: EL PROTOCOLO QUE AVALAN LOS DERMATÓLOGOS

Lo primero es reducir la inflamación sin agredir la barrera cutánea, que ya está comprometida. El agua fría —no helada— aplicada con compresas durante 15 o 20 minutos varias veces al día es la intervención más respaldada por evidencia clínica, según las guías de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). No gel. No hielo directo. Agua fría.

Después, hidratación. La aloe vera —gel puro, sin alcohol ni fragancias añadidas— es el producto con mayor consenso entre dermatólogos para quemaduras solares leves y moderadas. Su acción antiinflamatoria y su capacidad para retener la humedad en la capa superficial de la piel están documentadas en estudios publicados en revistas como el Journal of Dermatological Treatment. Se aplica en capa fina, sin frotar, dejando que la piel lo absorba.

La hidratación sistémica también cuenta. Beber agua en mayor cantidad de lo habitual no es un consejo genérico: la piel quemada pierde más líquido del habitual a través de la evaporación, y la deshidratación agrava los síntomas.

Para el dolor y la inflamación, el ibuprofeno —400 mg cada ocho horas en adultos, según las indicaciones estándar del prospecto— actúa sobre la cascada inflamatoria de forma más eficaz que el paracetamol, que solo analgesia sin intervenir en el proceso inflamatorio. Esto lo recogen, entre otros, los protocolos de atención primaria de varias comunidades autónomas españolas. Siempre con comida y sin superar las dosis indicadas.

QUÉ NO APLICAR: LA LISTA QUE NADIE EXPLICA EN LA PLAYA

Lo que nadie explica es que muchos de los remedios más usados no solo no ayudan: empeoran la situación.

La mantequilla, el aceite de oliva y cualquier producto graso forman una capa oclusiva sobre la piel inflamada que atrapa el calor en lugar de liberarlo. El calor retenido prolonga la inflamación y aumenta el riesgo de que una quemadura leve evolucione hacia una más profunda. Es uno de los errores más extendidos y uno de los que más casos de agravamiento genera en consultas de urgencias durante el verano.

El alcohol —incluido el de romero, muy popular en ciertos remedios caseros— reseca la piel ya comprometida y puede producir irritación adicional sobre una barrera cutánea que está intentando regenerarse.

La pasta de dientes, que circula en redes sociales como remedio para quemaduras, no tiene ningún sustento clínico. Contiene mentol —que da sensación de frío momentánea— pero también abrasivos, flúor y otros compuestos que irritan la piel dañada.

Las cremas con retinol, ácidos exfoliantes o vitamina C se suspenden hasta que la piel se haya recuperado. Son productos activos que trabajan acelerando la renovación celular; aplicados sobre piel inflamada, generan irritación adicional.

Y la ducha caliente. Especialmente la ducha caliente. Dilata los vasos sanguíneos superficiales y aumenta la sensación de ardor de forma inmediata. El agua debe estar fresca o tibia, y el secado posterior debe hacerse con toques suaves, sin frotar.

CUÁNDO LA QUEMADURA DEJA DE SER UN PROBLEMA MENOR

Una quemadura solar sin ampollas, con enrojecimiento uniforme y sin fiebre, es gestionable en casa con los cuidados descritos. Pero hay señales que obligan a consultar con un médico ese mismo día —o a acudir a urgencias si no hay consulta disponible—: fiebre por encima de 38,5 °C, escalofríos, náuseas o mareos asociados a la quemadura; ampollas que cubren una superficie extensa —más allá de una zona localizada en un brazo o el hombro—; piel que presenta un tono grisáceo o blanquecino en lugar de rojo, lo que puede indicar una quemadura de segundo grado profundo; o confusión y debilidad marcada, síntomas que pueden acompañar un golpe de calor simultáneo.

Los niños y las personas mayores requieren mayor vigilancia. En menores de 12 años, cualquier quemadura con ampollas justifica consulta médica sin esperar a ver cómo evoluciona.

La piel quemada tarda entre cinco y siete días en iniciar la descamación —el proceso por el que las células dañadas se eliminan— y puede necesitar hasta dos semanas para recuperar su aspecto normal. Durante ese tiempo, la exposición solar directa sobre la zona afectada debe ser cero. No protector solar alto. Cero exposición. El protector es para la piel sana; la piel en recuperación necesita sombra.

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