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Sí bonita, sí

viernes 19 de julio de 2019, 03:00h

Calvo tiene toda la razón. Este feminismo radical, andrófobo, revanchista y sectario es, sin duda, hijo del socialismo, como ella misma afirma sin pudor alguno. Es el vástago de una izquierda a la que la igualdad de oportunidades y ante la ley le ha importado siempre un bledo, salvo que fuera como argumento de propaganda para fabricar consignas con las que tratar de marginar a sus adversarios políticos, incapaces de contrarrestar la maquinaria publicitaria de los depositarios de una superioridad moral que es, a la vez, un dogma de la fe progre y un gigantesco embuste histórico.

Al feminismo así entendido le ocurre lo mismo que a los movimientos LGTBI y a la llamada Memoria Histórica. Lo de menos es lograr la superación de las desigualdades e injusticias padecidas por las víctimas del totalitarismo y la sinrazón y ofrecer legítimo consuelo y reconocimiento a sus herederos. De lo que se trata es, simplemente, de sacar rédito partidario a estos movimientos, aunque sea a costa de, por un lado, caricaturizar la homosexualidad y convertir algunos gays y lesbianas en los actores de un circo denominado ‘Orgullo’, o en otro caso, de ofender gratuitamente a las víctimas del bando adverso, vertiendo sobre ellas la sospecha de su propia culpabilidad, fundada en su supuesta adscripción voluntaria a los hoy en día considerados los ‘malos’ de la Guerra Civil española.

Ni las mujeres, ni los homosexuales, ni las víctimas de la represión –incluyendo las miles que asesinó el bando izquierdista antes y durante la contienda- merecen este zafio mercadeo con su sufrimiento y con los sacrificios que ha costado a toda la sociedad comenzar a poner las cosas en su sitio.

Esta patraña de la izquierda en virtud de la cual el progreso social es consecuencia de su irrupción histórica no se sostiene. La igualdad ante la ley y la igualdad de oportunidades son, en realidad, el fruto de las ideas liberales y humanistas cristalizadas desde finales del siglo XVIII y cribadas por la evolución experimentada durante las dos siguientes centurias. Son las revoluciones norteamericana y francesa las que sientan las bases del reconocimiento de la dignidad y derechos de todos los seres humanos, no la revolución rusa.

Porque el socialismo soviético –espejo de toda la izquierda durante décadas-, Sra. Calvo, pactó con Hitler mientras las potencias burguesas declaraban la guerra a la Alemania Nazi. El socialismo real, Sra. Calvo, persigue y masacra, todavía hoy, a homosexuales y lesbianas, y arrincona a la mujer en papeles subalternos o la obliga a prostituirse en países como Venezuela, Cuba, China y en todo cuanto ‘paraíso del proletariado’ sigue existiendo en el mundo para vergüenza de la humanidad.

Y si no queremos salir de casa, el socialismo español, Sra. Calvo, es también culpable en primera persona de horrendos crímenes contra ciudadanos inocentes antes y durante nuestra Guerra Civil, por los que todavía hoy, más de ochenta años después, no ha pedido perdón. Sí, bonita, sí.

Y si todo este extenso pliego de cargos no aparece cada día en los medios de comunicación de este país es porque en 1978 los españoles pactamos mirar al futuro, tratar de restañar nuestras heridas –las de todos- y dejar de enarbolar para uso propio banderas y conquistas que son patrimonio del esfuerzo continuado de toda la sociedad, aunque algunos se empeñen en seguir comerciando miserablemente con ellas.

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