Hay películas que llegan a los Oscar por la alfombra roja; otras, por una grieta en la pared. ‘Sirât’ ha elegido la grieta: una obra que se mueve entre el desierto y la música, entre la búsqueda íntima y el trance colectivo, y que ahora aterriza en Hollywood con dos credenciales que hablan de identidad y de oficio. De paso, nos recuerda algo incómodo: a veces el cine no se explica; se padece (en el buen sentido).
UN DOBLE GOLPE: INTERNACIONAL Y SONIDO
La Academia ha sido clara y casi minimalista: ‘Sirât’ está nominada a Mejor Película Internacional y a Mejor Sonido. En la primera categoría competirá con ‘The Secret Agent’ (Brasil), ‘It Was Just an Accident’ (Francia), ‘Sentimental Value’ (Noruega) y ‘The Voice of Hind Rajab’ (Túnez). En la segunda, el ring se llena de mastodontes industriales: ‘F1’, ‘Frankenstein’, ‘One Battle After Another’, ‘Sinners’ y ‘Sirât’.
El detalle que no es detalle: los nombres del sonido
Aquí viene lo interesante: el Oscar de Sonido no es un concepto vaporoso; tiene personas. Y la nominación oficial acredita a ‘Sirât’ a través de Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas. En términos de prestigio, es como si la industria dijera: “sí, sabemos quién ha construido esta experiencia”.
DE QUÉ VA ‘SIRÂT’ (Y POR QUÉ NO ES SOLO UN ‘ROAD MOVIE’)
Según la ficha oficial del ICAA, un padre y su hijo llegan a una rave en las montañas del sur de Marruecos buscando a Marina, desaparecida meses atrás; el viaje continúa junto a un grupo de “ravers” hacia una última fiesta en el desierto, con la esperanza de encontrarla. La película dura 114 minutos, un metraje que —curiosamente— se siente más largo o más corto según cuánto te dejes arrastrar por su pulso.
No es una sinopsis que prometa “comodidad”. Y ahí está parte del encanto: ‘Sirât’ no se comporta como un producto, sino como una travesía. Una travesía con polvo, graves, miradas que no siempre explican lo que ven.
DE CANNES A HOLLYWOOD: EL CAMINO QUE NO SUELE EXISTIR
Antes de la palabra “Oscar”, hubo otra palabra que pesa en Europa: Cannes. El Festival de Cannes la presentó como ganadora del Premio del Jurado ex aequo y la describió como una odisea —casi mística— en el desierto. Más tarde, España la eligió como su candidata a Mejor Película Internacional para los Oscar 2026, un gesto que convierte la película en “representación oficial” (esa etiqueta que a veces ayuda, a veces aprieta).
La shortlist como aviso
En diciembre, la cinta ya venía avisando: entró en la shortlist de la Academia en cinco categorías (Internacional, Fotografía, Banda Sonora Original, Sonido y Casting), según comunicó Movistar Plus+. De ese quinteto han quedado dos nominaciones finales, que no es poca cosa: es, en realidad, el filtro funcionando y dejando pasar lo que más personalidad tiene.
EL SONIDO COMO RELATO: POR QUÉ ESTA NOMINACIÓN IMPORTA TANTO
En ‘Sirât’, el sonido no acompaña: conduce. Hay una razón por la que críticos como los de BFI/Sight and Sound la han leído como una experiencia sensorial, marcada por la electrónica y el impacto físico. Si la película habla de una búsqueda, el sonido habla de otra: la del cuerpo intentando orientarse cuando todo alrededor es ritmo, eco, arena y distancia.
Y aquí aparece un matiz casi político: en una industria obsesionada con “lo explicable”, la Academia ha nominado una película que se defiende desde lo sensorial. No es habitual. Menos aún cuando la competencia en Sonido suele estar copada por producciones con músculo, explosión y presupuesto.
Rivales de Sonido, y el tipo de batalla que es
La categoría de Mejor Sonido la comparten con ‘Sirât’ títulos como ‘F1’, ‘Frankenstein’, ‘One Battle After Another’ y ‘Sinners’. Traducción: compite contra películas donde el sonido es, muchas veces, espectáculo. ‘Sirât’ llega con otra arma: el sonido como atmósfera, amenaza y trance. Es el tipo de candidatura que, si gana, reordena la conversación durante años: obliga a mirar atrás y admitir que el volumen no siempre es la clave.
MEJOR PELÍCULA INTERNACIONAL: CINCO PAÍSES, CINCO FORMAS DE CONTAR EL MUNDO
En Internacional, el listado funciona como un pequeño atlas: Brasil, Francia, Noruega, España y Túnez con sus respectivas candidatas. En ese contexto, ‘Sirât’ no solo “representa a España”: representa una manera de filmar que no pide permiso, que confía en el paisaje y en lo ambiguo.
Hay algo irónico —y bastante revelador— en que el cine español llegue aquí no por “parecerse” a Hollywood, sino por lo contrario: por tensar el lenguaje, por llevarlo al límite sin romperlo del todo. O rompiéndolo, si hace falta.
LO QUE SIGNIFICA PARA EL CINE ESPAÑOL: PRESTIGIO, RIESGO Y UNA PUERTA ENTREABIERTA
Dos nominaciones no garantizan nada, pero sí cambian el estado de ánimo del sector. Porque ‘Sirât’ no ha entrado solo en Internacional (la vía clásica), sino también en Sonido (la vía difícil). Eso coloca el foco en un mensaje que conviene repetir: los Oscar, cuando quieren, también premian el oficio invisible.
Y para una industria como la española —donde el talento técnico a menudo vive en la penumbra— que la Academia ponga nombres al sonido es casi un acto de justicia con retraso.
QUÉ VIENE AHORA: CAMPAÑA, PROYECCIONES Y LA NOCHE DEL 15 DE MARZO
La gala de los Oscar 2026 (98ª edición) se celebrará el 15 de marzo de 2026 en el Dolby Theatre, con Conan O’Brien como presentador y emisión en ABC y Hulu. Hasta entonces, el partido se juega en otro terreno: pases para votantes, entrevistas, narrativa de campaña… y esa alquimia rara en la que una película pasa de “respeto” a “necesidad”.
‘Sirât’ ya ha hecho lo más difícil: instalar una sensación. Y en los Oscar, cuando una sensación se instala, puede terminar ganando.













