La Federación Empresarial Hotelera de Mallorca (FEHM) y la Unión General de Trabajadores (UGT), alcanzaron el lunes un principio de acuerdo para renovar el convenio colectivo sectorial de hostelería, que afecta a más de 180.000 trabajadores de Baleares. Se trata de un convenio importantísimo que determina las condiciones laborales en una comunidad autónoma donde la hostelería tiene un peso capital en la actividad económica.
La firma del acuerdo permite desbloquear la situación y desconvocar las movilizaciones anunciadas por los sindicatos, algo de lo que hay que congratularse. Sin embargo, lo firmado vuelve a poner sobre la mesa un problema estructural que nadie corrige: la desmesurada amplitud del convenio de hostelería.
Este acuerdo regula por igual la relación laboral en empresas tan distintas como un hotel de cinco estrellas, un bar de barrio, una discoteca o una empresa de cáterin. Es absurdo pretender que la realidad de todas estas actividades sea equiparable. Un camarero de un chiringuito de playa no tiene las mismas condiciones, ni demandas, ni necesidades que un recepcionista de hotel o un animador nocturno. Que todo ello siga bajo el paraguas de un único texto colectivo no es eficiente ni justo.
Este acuerdo regula por igual la relación laboral en empresas tan distintas como un hotel de cinco estrellas, un bar de barrio, una discoteca o una empresa de cáterin. Es absurdo pretender que la realidad de todas estas actividades sea equiparable
Sin embargo, sorprende que patronales como Caeb Restauración o Abone, lancen un comunicado en términos durísimos contra el pacto suscrito entre FEHM y UGT. Al igual que sucedió en anteriores ocasiones, sus propuestas alternativas para que el convenio contemple diferencias entre negocios cuyas realidades no son equiparables no han prosperado.
No es la primera vez que pasa, y lo peor es que, aunque no lo hayan firmado, el convenio les afecta y les es plenamente de aplicación. Hubiera sido más eficaz presionar más activamente en la negociación en lugar de criticar el resultado a toro pasado.
Por si fuera poco, también se ha descolgado Comisiones Obreras (CCOO), en otro episodio de la ya evidente guerra sindical que se libra en paralelo. Porque en la mesa de negociación no están enfrenados patronal-sindical: hay una pugna de egos entre organizaciones que compiten por ser la voz dominante del sector.
Mal síntoma. Porque mientras los agentes sociales se pelean por las medallas, los trabajadores y empresarios esperan soluciones a sus problemas reales. Otra ocasión desperdiciada.