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Un instante mágico en Brooklyn

sábado 23 de noviembre de 2019, 04:00h
Hace algún tiempo descubrí en Internet una página específica sobre cine, denominada FilmAffinity, en la que todas las personas que lo desean pueden expresar libremente su opinión sobre las películas que han visto. De ese modo, los cinéfilos podemos contar con puntos de vista diferentes a los recogidos de forma habitual en las críticas cinematográficas que encontramos en los periódicos generalistas o en las revistas especializadas.

Cada vez que he visto una película que me ha gustado mucho o que ha llamado mi atención por algo en especial, suelo entrar luego en FilmAffinity para saber si alguna o varias de las opiniones expresadas previamente en dicha página coinciden tal vez con la mía. Cuando eso sucede, me alegra descubrir allí de forma inesperada una, dos o más almas gemelas, cinematográficamente hablando, claro. Por mi carácter o mi forma de ser, no me suelen gustar las críticas negativas extremas, que por supuesto también las hay en ese foro.

Recientemente, volví a ver en casa la comedia romántica «Mejor… imposible» (1997), dirigida por el siempre interesante James L. Brooks. La mayor parte de valoraciones recogidas sobre dicha película en FilmAffinity son buenas o muy buenas. Coincido en buena medida con ellas, si bien también reconozco que «Mejor... imposible» me parece en algunos momentos una película algo irregular, sobre todo en el desarrollo de la historia de amor entre los dos protagonistas, Melvin (Jack Nicholson) y Carol (Helen Hunt). Aun así, sin duda vale la pena verla, pues es una obra más que notable. Además, hemos de recordar que su director es también un reconocido productor desde hace años, por ser uno de los cocreadores de series televisivas míticas como «La chica de la tele», «Lou Grant», «Taxi» y —sobre todo— «Los Simpson».

En «Mejor... imposible», Melvin es un escritor algo maniático y de carácter arisco, que poco a poco irá cambiando gracias a la buena influencia de su vecino artista (Greg Kinnear) y de Carol, una persona tímida y afable que trabaja como camarera. Si hoy escribo sobre esta película es no sólo por FilmAffinity, sino también porque cuenta con una de esas secuencias mágicas y hermosas que consiguen quedarse ya para siempre en la memoria de cualquier amante del cine. Casi al final de la película, Melvin se declarará por segunda vez a Carol. Dicha secuencia se inicia con ellos dos paseando por las calles de Brooklyn. Son casi las cuatro de la madrugada. Las calles están algo mojadas porque previamente ha llovido un poco. Esa circunstancia hace que Nueva York tenga en esos instantes una luminosidad nocturna preciosa y muy especial.

Tras pasear un rato, Melvin y Carol se detienen. Él empieza a declararse. En ese momento se levanta una suave e inesperada brisa. Melvin termina de hablar. De repente, nuestros protagonistas se besan. Por dos veces. A continuación, Melvin y Carol siguen andando y entran en una panadería que acaba de abrir sus puertas para comprar unos bollitos calientes. En ese instante, tiene lugar un hermoso fundido en negro, con el que concluye la película. Quizás los dos acaben siendo felices o tal vez no, pero siempre formará parte de sus vidas ese instante mágico que ambos vivieron y que, en cierta forma, también vivimos nosotros, en una madrugada preciosa y muy especial en Brooklyn.
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