Ver más allá de la apariencia

Cualquier reflexión en torno a un posicionamiento concreto de cualquier político quedaría muy incompleta si solo se atendiera a lo que puedan significar las palabras vacías que lo expresan. Siempre hay que ir más allá, más a lo profundo. Siempre hay que realizar un ‘viaje introspectivo’ sobre el personaje. Su comportamiento habitual lo reclama y lo suele delatar. Siempre hay que procurar ver las cosas desde una perspectiva hermenéutica basada en  la dialéctica del ser y el parecer.

A este respecto, no aludiré a los dichos de Jesús en sus frecuentes diatribas con los fariseos (cf. Mc 12, 38-44; Mt 6, 1-18;7, 5; 23, 5-28; Lc 12, 56; Francisco, Ángelus, 10.11.2024) sino a  la tragedia El Rey Lear  de William  Shakespeare en la que su protagonista descubre una realidad muy distinta de la que poseía con anterioridad respecto de los demás. En ella se “teje una trama en la cual cada palabra y cada gesto se transforma en su contrario: las enfáticas declaraciones de amor a Lear de sus dos hijas (Goneril y Regan) serán desmentidas por su cruel ‘parricidio’; el silencio de Cordelia y el rechazo a expresar con palabras su afecto por el padre-rey se revelarán después signo de auténtica devoción; los alardes de fidelidad y lealtad de Edmond mutarán en una serie de despiadadas traiciones; (…) y a Cordelia, la hija más estimada …percibiendo de inmediato por Lear como un ‘rechazo’, al extremos de tomar la decisión de desheredarla, se revelará en cambio en las escenas finales auténtico testimonio de amor filial” (Nuccio Ordine, Los hombres no son islas, Acantilado, 2022, págs. 53-55).

Esta es la maravillosa enseñanza de Shakespeare para la vida: “la imagen externa encierra su contrario en el interior. Si se permanece en la superficie de lo que se manifiesta a los ojos  no se ‘ve’ la verdadera realidad: en el Rey Lear (…) para ‘ver’ no sirven los ojos del cuerpo, sino los de la mente” (Ibidem, pág. 54).

¡Qué pena! Así somos los humanos. Sobre todo, cuando ejercemos algún tipo de liderazgo, humano, religioso, político. Vivimos de egoísmo, no nos atrevemos con la transparencia, ni la externa ni la del corazón. Nos asusta la verdad y, por eso mismo, fingimos, adulamos y engañamos. Y, por si fuera poco, miramos por encima a los demás. La eterna dialéctica del ser y el aparentar. ¿Por qué, me pregunto, habremos marginado a los clásicos (cf. Nuccio Ordine, Clásicos para la vida, Acantilado, 2017)  en el sistema educativo? Todavía su magisterio es muy valioso para la vida.

Pues bien, si conocemos el comportamiento político habitual de Pedro Sánchez, si tenemos en cuenta  su pretendido liderazgo contra  la ultra derecha internacional, si escuchamos las palabras altisonantes contra Musk (dueño de X) y Pável Dúrov (dueño de Telegram), si contemplamos el gallinero revuelto que tiene en casa, si “pretende rastrear los contenidos de las redes para atajar la ‘huella de odio y polarización’” (Ed. El Imparcial, 5.02.2026), hemos de concluir que “lo que busca, en realidad, es censurar Internet” (Ibidem). No nos van a quebrar porque la voz de la democracia no será doblegada por esos tecnoligarcas del algoritmo". No le hace falta. Al Presidente del gobierno, le basta y le sobra, presuntamente, con su propio impulso para semejante despropósito.

Como ha significado Jorge Vilches (TO), “la propuesta es justo lo que buscan esos mayores de 55: que eliminen algo que repudian como las redes, entre otras cosas, porque no usan ni controlan. Incluso se usó a la ministra Rego, de Sumar, para decir que es mejor ‘limitar y seguramente prohibir’ el uso de X entre los jóvenes y el conjunto de la población. Vamos, como Xi Jinping en China”. ¡Estamos apañados!

Personalmente, tampoco me parece aceptable (cf. Delgado, La protección de los menores, MD) seguir en la situación actual: en manos privadas. Pero, al mismo tiempo, tampoco garantizaremos, de modo necesario, el servicio a la verdad y a la dignidad de la persona humana, si ello, sin más, depende del poder público. Sea sincero con usted mismo, se pregunte y responda: ¿Se fiaría, por ejemplo, del Gobierno de turno?  ¿De quién nos podríamos fiar? ¿Sería aconsejable una organización global a tal efecto?

Esta es la realidad: lo que hay más allá de la apariencia protectora. Se busca controlar a los mayores y a lo que sobre su modo de gobernar circula por las redes. Se pretende eliminar los contenidos que desdoran su imagen. ¡Alerta! La libertad está, una vez más, en peligro.

Gregorio Delgado del Río.

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