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Yllanes ya habría cesado a Pablo Iglesias

viernes 14 de agosto de 2020, 12:58h
A la vista de la investigación judicial sobre la presunta financiación irregular de Podemos, es de prever que si dependiese del magistrado Juan Pedro Yllanes, vicepresidente del Govern de les Illes Balears, ya hace días que se habría tomado la decisión de cesar a Juan Manuel del Olmo, secretario de Comunicación y actual integrante del gabinete del vicepresidente Pablo Iglesias; a la gerente, Rocío Esther Val; y al tesorero, Daniel de Frutos.

El exdiputado en el Congreso y destacado jurista experto en lucha contra la corrupción se mostró así de contundente a la hora de exigir la cabeza del presidente de la Autoritat Portuària de Balears (APB), Juan Gual de Torrella, en una causa declarada secreta y sin que se conozcan las concretas ilegalidades que se atribuyen a Gual y a otros cuatro altos cargos de la APB que fueron arrestados para registrar la sede de la entidad. Sin embargo, ahora que su propio partido goza de la condición de investigado por corrupción no ha dicho ni mu.

Estamos ante un jurista excepcional, que desconoce el significado de la presunción de inocencia, si es que no lo detesta, siempre que se trate de sospechosos que no pertenezcan a su mismo partido. El magistrado es, además, genetista y tiene reiteradamente sentenciado que en los genes de todos los miembros del PP está la corrupción. No sucede lo mismo con los de Podemos, cuya genética debe ser incompatible con la corrupción, motivo por el cual ahora se acusa sin ambages al juez instructor que investiga a la formación morada, de prevaricador.

Incluso la excelsa policía municipal y concejala de Podemos en el Ajuntament de Palma, Sonia Vivas, así lo ha tuiteado, vinculando al investigador con la famosa “cloaca”, por lo que no cabe ninguna duda de que el juez debe ser acusado, además de prevaricar, de machista y fascista.

Mientras tanto, el secretario general de Podemos y vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, sigue oculto, en silencio y sin dar explicaciones de las graves sospechas que pesan sobre su partido.

Los que vinieron a regenerar la vida pública y a aplicar la transparencia en su gestión, se niegan a comparecer y dar explicaciones a la ciudadanía sobre este caso y también sobre el caso Dina, el ocurrente invento de los podemitas para aparecer como víctimas de las fuerzas ocultas del mal que mueven los hilos del poder. Ahora se limitan a defenderse acusando a su exabogado, al que ellos denunciaron falsamente de abuso sexual para justificar su despido, y al mismísimo juez instructor encargado del caso al que señalan como la “cloaca”.

Pero estoy convencido de que Yllanes, al que todos esperábamos ver de Ministro de Justicia o de Fiscal General del Estado (y nos hemos tenido que conformar viéndole anunciando subvenciones para instalar placas solares o mercadillos al aire libre), ya habría cesado hace días a Pablo Iglesias. Sumariamente, como hizo con el presidente de la APB.

Sucede que Yllanes es un hipócrita de manual, un sectario que juzga y sentencia por capricho o afinidad política, sin pruebas, sin indicios, según su libre albedrío. Y pensar que este ilustre magistrado un día puede volver a integrar un tribunal de Justicia, causa auténtico pavor. Quizá el de la Inquisición sería ideal para él. Para cualquier otro está ya inhabilitado de por vida.

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