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En acabando de regresar de mi vigésimo periplo por (prepárense, que les lanzo un par de tópicos para que se queden tranquilos) “la Gran Manzana” o “la ciudad de los rascacielos”, oséase, Nueva York, me veo en la obligación de ilustrarles sobre una de entre las mil curiosidades que ofrece
Estoy hasta las mismísimas narices de la utilización general y universal de la palabra “tópico”, en sentido altamente negativo. Se acabó lo que se daba! Observar a cualquier hijo de vecino que, con gesto despectivo y voz engolada, te recrimina –sin tapujos- una determinada aportación en una conversación humana, exclamando:
Durante muchísimo tiempo, desde que tengo uso de razón (resulta que en un período largo de mi existencia yo tenía razón pero no la usaba; ahora, no sólo hago uso de ésta si no que, además, siempre la tengo… la razón) he oído hablar de estos dos brebajes de fama
No me negarán ustedes (y si me lo niegan me es completamente indistinto porqué nunca me voy a enterar, ¡jeje!) que el mes de septiembre, el titulado mes “nueve”, es un período de tiempo en el cual las cosas se suceden de manera “chiripitifláutica”: las vacaciones se terminan y, por
Hace unos días, un amigo mío -catalán para más señas- me invitó a la Ciudad Condal con el objetivo de que viera, de primera mano (o de primer ojo), qué se cuece en la tierra catalana, bendecida, otrora, por la Moreneta, la Oscurita. Lo qué ahora les voy a contar
Se va marchando la canícula; y, con ella, el calor; y con el calor el inevitable y clásico chapuzón estival. Quise escribir este artículo justo al principio del verano; pero dejé pasar el tiempo por si un acaso las aguas volvían a su cauce y el problema detectado hubiera ido
Debo confesarles, antes que nada, que no entiendo el o los motivos que inducen a una parte del personal terráqueo a actuar de una manera determinada que, precisamente, ahora mismo me dispongo a intentar relatarles. De manera que, si no les importa, no pretendo ir al fondo de la cuestión
Hablábamos, la semana pasada, del período estival y sobre todo, de las cosas del calor y, aun por encima, de las comadres que flipan, conjuntamente, conversando en el mercado y en la calle, hinchándose de frases convencionales -como al uso- sobre bochornos y otras memeces. Pero hay más: durante lo
Justo en el momento de pasar el ecuador de la etapa estival y por detrás, ya, de la festividad de la Asunción de María, da la impresión de que los calores inician muy pausadamente su retirada y, a lo lejos, se empiezan a vislumbrar, confusamente, los primeros albores del otoño.
En estos precisos momentos, nos encontramos ubicados en el centro nuclear de la puta canícula anual y, la verdad, ante la tremenda y dantesca -nunca mejor expresada- perspectiva de miles de toneladas de grasa licuándose en playas de arena colillera; con niños y niñas tocapelotas; preadolescentes de manos y pies
Hace un montón de años que, cada vez que viajo en coche por una autopista de tres o más carriles, observo un fenómeno que, por irregular y fastidioso, me tiene frito. Me gustaría mucho que ustedes, amables y perspicaces lectores, ya conocieran la aberración que denuncio y se prestaran a
Así de entrada, debo pedir disculpas por el hecho de tratar un tema varios meses después de su publicación en los medios de comunicación. El motivo del retraso no es otro que el del lento desarrollo de la digestión derivado de la lectura de la noticia en su momento. Una