Energía desbordante

Carol Romero: "A las seis y media, toca nadar y ver amanecer"

Carol Romero saltando emocionada en su exposición de arte

Carol Romero con la energía que absorbe cada mañana tiene continuamente su mente ocupada en proyectos. En la entrada del estudio, hay unas maderas de sabina de unos seis metros tendidas en el suelo a punto de pasar por la mesa de operaciones y darles su personal toque estético. Los convertirá en dragones de fuego o de agua. En su refugio, se pondrá música de meditación para ambientar, y el mundo exterior dejará de existir.

Para completar esta entrevista hicimos una visita a su estudio ubicado a la entrada de Illetas, me acompañó Paco Ramis que se encargaría de eternizar el encuentro con una serie de fotografías. Como es habitual en ella, te recibe con una sonrisa que está dibujada en su cara permanentemente. Su estudio es amplio y le agrada tenerlo limpio, aunque utilice pigmentos que ensucian mucho, una vez usados hace que todo desparezca y aunque en lugar de un atelier lo convierte en un espacio de exposición, no pierde la sustancia.

Buenos días, Carol – Hola chicos, bienvenidos.

Si os apetece tomar algo, tengo bebida fresca, agua, cervezas, café…

Aquel día el termómetro exterior marcaba 36 grados, así que en el interior con el climatizador se estaba a gustito.

El primer año no tuve aire acondicionado y lo pasé mal, me apañé con unos ventiladores, pero en días de calor potente y humedad el aire que soltaban estaba viciado.

En las paredes cuelgan sus obras, otras se apilan, un sinfín de soportes. Cuadros, telas, maderas, principalmente de las que el mar devuelve a la orilla, las recoge y las convierte en esculturas, piedras, en una columna obras acabadas en tinta, botellas de vidrio reciclado, antenas parabólicas, taburetes, mesas, troncos…Los colores marinos, verdes, turquesas, azules, persisten y ella nos desvela que su conexión con el mar es cada vez mayor.

Carol Romero sonriendo en su estudio mientras conversa con un hombre

Lo hicieron grandes maestros como Miró, reciclaban objetos, residuos cotidianos y los transformaban en piezas originales.

¿Cualquier objeto sirve para convertirse en una obra de arte?

Cada artista tiene un método de trabajo y a unos les van bien las maderas, a otros, el hierro, un plástico, una botella de vidrio. Yo disfruto con los materiales que selecciono. En este caso todo lo que es reciclar es colaborar con la mejora del medioambiente.

¿Cuál ha sido su última intervención?

Tres piezas que tienen que ver con mi reciente viaje a África. Estuve con unas amigas, un mes en Mozambique y tres semanas en Sudáfrica. Me había llevado telas, pinturas y pinceles y allí los pinté. En Mozambique surgió; “ventana mozambiqueña” y en Sudáfrica; “Playa infinita”, una referencia a la Playa de Namalunga y “Elefante”. Son obras figurativas pintadas sobre tela con acrílicos.

¿Cómo transcurre el día a día de Carol?

Me levanto pronto, a las 6,30 h cada día me reúno con un grupo de gente y me voy a nadar, algo más de dos kilómetros diarios. Suelo tomarme un café en el bar de una amiga, el horno San Agustín, voy para casa y al rato me hago unas tostadas. Luego me dirijo al estudio y si hay algo que retocar, o comienzo algo nuevo. Me paso horas, depende del día. Lo primero me pongo música, procuro que este siempre limpio, suelo ir descalza. Pinto, medito, siempre tengo cosas en marcha. Por ejemplo, los dragones que elaboro a partir de un tronco de madera de sabina, la observo, la limpio bien, la pulo, lo mínimo para mantenerle su naturaleza y la intervengo. Con pan de oro, aceites, piedras de cuarzo o aguamarinas.

La madera de sabina es ideal para todos los usos, sin ser la más dura es de las más resistentes. Es agradecida al tacto. Ahuyenta a las polillas y a otro tipo de insectos, antiguamente se añadían trozos de sabina a otros muebles para salvaguardarlos de ataques de insectos invasores, por su aroma balsámico. Hoy en día es un árbol protegido, considerado en peligro de extinción.

Si uno se interesa por conocer su labor pictórica, acude a las redes y se encuentra con un escaparate de fotografías que muestran algunas de las colecciones que ha realizado, introduciéndose en la cosmología y en la astronomía en la primera.

¿Qué puede decirnos de su Colección Cosmos?

¡Wau! Voy a hacer memoria de cuando me interesé por los estudios de sanación cuántica. Supongo que esas terapias de energía que deben aplicarse a nuestro organismo y a nuestra salud, influyeron para ejecutar esas obras.

El cosmos siempre me ha fascinado: su inmensidad, su misterio y su capacidad para recordarnos lo pequeños, pero infinitos que somos.

Procuré capturar la sensación de asombro a través de texturas naturales, colores orgánicos y formas abstractas que invitan a la reflexión. Una meditación visual, un espacio donde lo tangible se encuentra con lo etéreo.

Sigo revisando… ¿Qué sucede con la Colección Ecos del Océano?

Pretendo interpretar un diálogo entre el cosmos y el océano. Pero para conocer el origen debo remitirme a los días posteriores a la pandemia, en los que descubrí a un grupo de nadadores que me acogieron y desde entonces, cada día como un ritual voy a nadar cuando amanece y esa energía se transmite y nutre mi arte y mi existencia. Intento reflejar esa emoción que me invade al estar en mitad de esa inmensidad del mar. ¡Es tanta belleza!

Recuerdo el primer día, fue un 4 de febrero a las 7 de la mañana, el agua debía estar a 14 grados. Yo con mi bikini, mi careta y el tubo, aquella oscuridad y helada de frío, no podía articular palabra. ¡Qué difíciles aquellos momentos! Luego ya, un día, dos, y ahora ya cada día. En verano es más llevadero, pero en invierno reconozco que cada día pongo a prueba mi fuerza de voluntad.

Carol Romero interactuando con una obra en su estudio

También destaca su Colección Palmeras

A partir de maderas que regresan a la costa, construyo una pintura escultórica. Sobre el soporte de madera pinto palmeras a modo de símbolo de renovación y equilibrio. Es un intento de conectar la naturaleza. Cielo, mar, tierra.

Para finalizar con este repaso… ¿Qué pretende con su Colección Parabólicas?

Es una colección inspirada en la proporción áurea. Refleja el vínculo entre las matemáticas, la naturaleza y las frecuencias universales. Transformada a partir de una antena parabólica, es un testimonio de sostenibilidad y creatividad.

En esta colección, convierto las antenas parabólicas en emisoras de arte y emoción. Cada pieza amplifica mensajes invisibles, transformando estos objetos en portales que conectan el alma con el cosmos. Aquí vuelve a surgir mi interés por la astronomía.

Por las veces que hemos hablado, entiendo que le agrada leer y viajar.

¿Cuál ha sido su último viaje?

El que hice hace unos meses en África, al que anteriormente me referí. Hubo algo importante que lo motivó. La muerte de mi madre en el mes de diciembre. Los últimos meses fueron duros, yo iba cargada de estrés, la situación me desbordaba.

Una amiga me planteó lo del viaje y acepté con la intención de superar aquel dolor interno y por adaptarme a la nueva vida sin mi madre.

Me marché con dos amigas. Una de ellas (Carmen Riera) estuvo las primeras dos semanas, con la otra (Elena Magaña) estuvimos un mes y medio. Primero en Mozambique donde alquilamos una casita de un resort cerca del mar y allí me sentí relajada. Pintaba, leía, interactuábamos con la gente local. Hicimos amigas y amigos y precisamente con uno de esos, un italiano, me ofreció una bebida y me contagió la gripe que coincidió con mi bajo estado de forma. El estrés acumulado me empezó a pasar factura. Dolor de cabeza, flojedad, fiebre. Mi amiga que es farmacéutica y que iba bien preparada, estaba algo preocupada. Me hicieron las pruebas de la malaria y dio negativo. Al final fue esa bebida, y el chico italiano confesó que hacía unos días que se sentía mal. Pasé varios días en cama, no tenía ni hambre, ni sed. En esos días lloré y lloré, pasando el duelo por la muerte de mi madre.

Mientras tanto una de mis amigas practicaba Thai Chi en un espacio que le prestaban en el hotel y acudía gente trabajadora a sus clases.

¡Caramba! un viaje lleno de contrariedades. Menuda aventura…

Fue en los primeros días, luego todo cambió para bien. Me sabía mal por mis amigas, ellas estaban preocupadas por mi estado.

Me recuperé, eso sí con 10 kilos menos, me quedé en los huesos.

Acaban los días de estancia en Mozambique y se trasladan a Sudáfrica. Todo nuevo, totalmente diferente un país de otro. En el año 2000, Mozambique sufrió inundaciones provocadas por el ciclón Leon-Eline que duró cuatro semanas, dejando un país devastado por la catástrofe, cientos de cadáveres y miles de personas sin hogar. Aún hoy día persisten las huellas sus calles.

En Sudáfrica se encuentran con un país más avanzado, abundancia, precios asequibles en los productos de diario, carne, verduras, aceite.

Nos marchamos a Sudáfrica y conocimos gente amable y encantadora. Me impresionó ver laborar a los pescadores, como si hubiera retrocedido en el tiempo, en aquel ambiente en el que las mareas suben y bajan creando una imagen de paisaje sorprendente. Las estrellas de mar quedaban a la vista. Hicimos varias excursiones y una de las mejores fue a la Playa de Namalunga. Con unos amigos fuimos invitadas a ir en barco a navegar y a conocer a una mujer que poseía una casa señorial imponente. Visitamos una isla muy pequeña de unos tres kilómetros que solo tiene un faro (Isla Dassen). Un día llegamos hasta un lugar que lo llamaban “el fin del mundo”. El Cabo de Buena Esperanza, los avestruces paseaban cerca del mar como si nada. La fauna, la flora, la inmensidad de aquel paraíso natural en el que se juntan dos océanos, el Atlántico y el Índico.

Después de una emotiva experiencia en el Viejo Mundo, compartiendo instantes inolvidables junto a elefantes, dando de comer a las jirafas, de ser perseguidas por un caprichoso babuino chacma, de esparcir las telas, pinturas y pinceles por el suelo y pintar desnuda en plena naturaleza…regresan a Mallorca y hay que volver a adaptarse, recuperar las costumbres.

Llegamos a la isla en el mes de marzo, negras de piel, parecíamos africanas. Yo chupada, flaca, nuestra gente bromeaba con aquel estado. Lo más chocante fue acostumbrarme a la ausencia de mi madre.

En esos días me acordé que unos meses antes de morir, estábamos paseando por el paseo marítimo y le dije que me agradaría exponer ahí, indicando el Club de Mar. Había estado hablando con quien se ocupa de estos temas, pero todavía no tenía respuesta. Mi madre me comentó, seguro que expondrás.

Bueno, y parece ser que al final aquellas palabras se cumplirían…

Unos días antes de su muerte, mi madre me pidió que la despidiese con una fiesta. Así lo hice. En el mes de abril que era su cumpleaños, hubiera cumplido 88 años. Mientras preparaba esa celebración de despedida con la familia y amigos, recibí la llamada del Club de Mar para comunicarme que habían aceptado mi exposición para mayo o junio.

En honor a mi madre había sembrado un naranjo en el jardín de mi casa, ese día de la fiesta, enterré sus cenizas en ese árbol.

Paramos por unos segundos, tuve la impresión de que estaba emocionada.

Paco Ramis, ahora nos tomaba algunas fotos.

Carol Romero conversando con Xisco Barceló en su estudio artístico

¿Qué sensaciones le produce la convivencia diaria con el taller, aquí dónde se reúnen la faena y la inspiración?

Es mi manera de descubrirme, de conectar con el alma y con la belleza.

Si tuviera el poder en sus manos ¿Qué eliminaría de la sociedad?

Los teléfonos móviles y a los políticos que se olvidan de la ciudadanía.

Si le dieran la oportunidad ¿En qué personaje de la historia le gustaría convertirse?

En Leonardo Da Vinci.

Había quedado pendiente ¿Cuál ha sido el último libro que ha leído?

Estoy con dos al mismo tiempo; “Elogio a la lentitud” de Carl Honoré y “Nadar en aguas abiertas, una forma de meditación” de Tessa Wardley.

Se define como una persona que ve la parte llena del vaso. Le agrada resolver en positivo. Lo que más valora de una persona es la honradez. Nos manifiesta su creencia en la amistad.

De sus elaboraciones comenta que procura contar historias y a través de ellas, representar fragmentos de su conexión con la naturaleza, con el cosmos y las emociones humanas.

Más allá de lo estético, mi propósito es que mis obras transformen espacios en emociones, invitándote a reflexionar, sentir y encontrar serenidad.

Me satisfizo que alguien me dijera que tiene una pieza mía que no solo decora, sino que parece una ventana hacía el universo.

Carol Romero, se ha abierto camino con las frecuencias sanadoras, en las teorías cuánticas, en las rutas figurativas de aguas cristalinas, en el perfil morfológico de las palmeras, en ese sueño que persigue de viajar con animales marinos, en los objetos reciclados y convertidos a la religión plástica, porque en la naturaleza encuentra la mutación de los elementos, aplicando un ritmo propio al lenguaje de las olas, a la calma plana en donde retiene su pensamiento. Una sensación que la lleva a formar parte de los parajes de su atávica galaxia.

Os marcharéis sin haber aceptado mi invitación de tomar algo.

Quedamos para después de que se publique tu entrevista, comeremos algo y brindaremos. - De acuerdo, lo celebraremos - contestó.

Ha sido un placer, Carol.

Carol Romero sonriendo en su estudio de arte durante una entrevista

Texto: Xisco Barceló

Fotos: Paco Ramis y Carol Romero

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