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Cort debe escuchar a los comerciantes

martes 06 de noviembre de 2018, 22:00h

Los comerciantes de la zona del Born de Palma han pedido al ayuntamiento de la capital que levante restricciones al tráfico en la zona de Antoni Maura. Temen que, con la llegada de la temporada baja, sus ventas sigan la misma tendencia a la baja que han sufrido desde 2016, año en el que se impuso una nueva ordenacion del tránsito en la zona prohibiendo a los vehículos privados el giro desde la avenida Gabriel Roca o el acceso a la calle Tous i Maroto. Consideran que esta medida es en buena parte responsable de que sus ventas hayan caído un 40 por ciento entre los meses de octubre a marzo, llegando a suponer el cierre para algunos pequeños comercios y restaurantes de la zona.

La medida impuesta por Cort sólo permite el acceso al transporte público, residentes, repartidores y vehículos de dos ruedas, con lo que reduce sensiblemente el tránsito de vehículos en esta zona. La principal consecuencia de esta medida es la reducción drástica del número de coches en la zona y el incremento de un tráfico que, al no desparecer, tiene que dar vueltas por otros itinerarios provocando una presión circulatoria antes inexistente.

Los comerciantes han hecho sus cuentas y han solicitado al Ayuntamiento de Palma que de octubre a marzo permita los giros y el tránsito que se podían realizar anteriormente. De esta forma consideran que muchos ciudadanos, entre ellos gente mayor o con movilidad reducida, volverían a acudir a la zona para realizar sus compras sin la amenaza de una multa de 90 euros.

La petición de comerciantes puede considerarse prudente y sensata. La vuelta a la regulación anterior no debería significar una gran complicación en los meses de temporada baja, cuando la afluencia de turistas es menor. En cualquier caso, el propio ayuntamiento debería preocuparse por las malas cifras que presenta el comercio de una zona tan emblemática y céntrica como la referida, donde los comerciantes deben soportar altos costes de implantación y estrechos márgenes en sus cuentas de resultados.

Por el contario, los responsables municipales han tirado de manual y han rechazado cualquier cambio bajo el argumento de que el objetivo es conseguir una ciudad "más amable, menos contaminada y donde el centro histórico pase de ser un punto de atracción de coches, a ser un lugar para el paseo". Sobre el papel es un atractivo fin, pero no debería alcanzarse a costa de aquellos que comprometen su propio patrimonio y crean puestos de trabajo, y ante los cuales, los responsables publicos suelen adoptar posturas de gran incomprensión, cuando no abiertamente intransigentes o perjudiciales. Deberían mostrar una mayor empatía por quienes generan prosperidad más allá de los cuatro años que dura una legislatura y que, probablemente, contribuyen a mejorar la ciudad más que muchos de los que ocupan escaño público.


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