El golf no siempre es justo. Muchas veces premia a quienes menos lo esperan, castiga a los más consistentes y deja sin recompensa a quienes rozan la gloria una y otra vez. Pero este domingo, en la final de la FedEx, el deporte fue coherente con la narrativa, con la constancia y con el talento. El británico Tommy Fleetwood, después de años de excelencia sin premio mayor, se consagró campeón del evento más importante del calendario del PGA TOUR y, con ello, logró su primera victoria en el circuito estadounidense.
Fleetwood, de 34 años, puso fin a una larga espera que había llegado a parecer un castigo. Seis veces subcampeón en el PGA TOUR, habitual en las últimas rondas de los torneos más exigentes, protagonista en majors y Ryder Cups… pero sin una victoria oficial que decorara su currículo. Hasta hoy.
Con un rendimiento sobrio, elegante y preciso —marca registrada del golfista de Southport—, Fleetwood firmó una ronda final impecable en East Lake. Su temple en los hoyos decisivos, combinado con errores de sus perseguidores, le permitió alzar el trofeo más prestigioso del circuito. Su rostro al embocar el último putt lo decía todo: mezcla de alivio, emoción contenida y orgullo.
“Ha sido un largo camino, pero cada golpe valió la pena”, dijo Fleetwood, visiblemente emocionado tras su triunfo. “Siempre creí que este momento llegaría. No podía imaginar un escenario mejor para lograrlo”.
La victoria de Fleetwood también rompe una sequía significativa: es el primer británico en ganar la FedExCup desde su creación en 2007. Lo hace, además, en una era de máxima competencia, en un año en el que nombres como Scottie Scheffler, Rory McIlroy o JJ Spaun dominaron titulares y fairways.
Pero el golf, al final, también sabe contar historias. Y esta vez eligió una con justicia poética: la de un jugador querido, respetado y admirado, que había hecho todo bien menos ganar. Hasta hoy.
FLEETWOOD YA TIENE SU VICTORIA. Y NO ES UNA CUALQUIERA
El golf le debía una. Y se la pagó con intereses.





