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El queso de los Impuestos (parte III)

domingo 22 de noviembre de 2020, 04:00h

Que acertada estuvo mi estimada Petri Vivern el otro día al decirme "nos la dan con queso" ya que un servidor -que, como decía Sabina, soy cantante (léase abogado) por cobardía, pues lo que quería realmente es ser torero- no necesita muchos cites de capote para entrar al trapo con una frase popular y su origen.

Todos sabemos que cuando alguien nos dice "que no te la den con queso" nos está advirtiendo sobre la posibilidad de ser engañados o burlados con ardides; y en su origen hay varias teorías, siendo la más difundida la de que, en el Medievo, algunos bodegueros, para dar salida a los vinos peores que tenían, ofrecían a los ingenuos compradores un trozo de queso bien curado en aceite antes de darles a probar los caldos de esas barricas. De esa forma, el fuerte sabor del queso impedía a quienes cataban el vino percibir su baja calidad.

El escritor Pompeyo Gener contaba un origen diferente, aunque más divertido y menos creíble, que estaría en la estratagema de un Gobernador de Utrecht que, en el siglo XVII, defendiendo la plaza y sin municiones que lanzar con los cañones, echó mano de un montón de quesos de bola holandeses, los pintó de negro y los disparó contra los asaltantes, que huyeron despavoridos sin percatarse del engaño.

Con esta última entrega dedicada a los Presupuestos, voy a contarles cuales son, a mi juicio, las dos novedades en IRPF que contiene la Ley y que, intentando pasar de puntillas, hacen buena la cita del queso. Y son (i) la limitación de las aportaciones a los planes de pensiones y (ii) el incremento de la tributación para las ganancias de patrimonio como consecuencia de ventas a realizar.

Por una parte, con efectos desde 1 de enero de 2021 y vigencia indefinida -ese mantra de moda-, se “mete mano” a los instrumentos de ahorro para la jubilación: planes de pensiones y planes de previsión asegurados, y si hasta ahora cualquier persona podía aportar hasta 8.000 euros al año a su plan y descontarse directamente ese importe de la base imponible del Impuesto, ahora dicha cantidad se reduce de forma drástica a 2.000 euros. Lo que aportes de más no será deducible.

A cambio, se mantiene el importe de 8.000 euros en las aportaciones de las empresas a sus empleados, importe al que se permite adicionar los 2.000 euros de la aportación personal, de forma que el límite conjunto se eleva hasta los 10.000 euros.

El problema está en que hay muchos ciudadanos que desean seguir ahorrando para la jubilación en su plan de pensiones y no cuentan con uno en la empresa donde trabajan, de forma que van a obligar a esos ahorradores a buscar otros instrumentos de inversión de cara a la jubilación y a cruzar todos los dedos que tengan para que se mantenga el actual sistema de pensiones.

En segundo lugar, se incrementan los tipos aplicables a la base del ahorro en la Renta -es decir, aquella que proviene de intereses, dividendos, ventas de bienes, etc.- en la que, a partir de 200.000 euros, el tipo pasa de un 23 a un 26%.

Igual alguien piensa que esto es para rentas muy elevadas, pero déjenme decirle a ese ingenuo pensador que el incremento va dirigido fundamentalmente a las ganancias patrimoniales consecuencia de la venta de un inmueble. Hasta la fecha, si vendías una casa pagabas como tope el 23% de la ganancia -la diferencia entre el precio por el que compraste y por el que vendes-; frente a eso ahora pagarás un 26%, con lo que se penaliza aquellas ventas de inmuebles que se adquirieron hace mucho tiempo, incluso por herencia, y cuyo precio en ese momento era muy bajo. Les aseguro, aunque Uds. ya lo saben, que tres puntos porcentuales es mucho.

Como ven, nadamos a contracorriente del resto de Europa y subimos los impuestos cuando todos los países los bajan como consecuencia de la crisis que nos asola, pero esta bendita Administración parece que piensa las medidas no con queso sino con vino, recordándome en su forma de actuar lo que tan magistralmente declamaba nuestro añorado compañero José Miguel del Campo en La Venganza de Don Mendo: “no fui yo, no fui… fue el maldito Cariñena que se apoderó de mí”.

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