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La Internacional Papanatas

Por Jaume Santacana
miércoles 21 de junio de 2023, 04:00h

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Antes la moda, como los bebés, venía de París. Hoy en día, actualmente, las tendencias y las novedades proceden de Silicon Valley, allá en la Zona Sur de la Bahía de San Francisco, en California, USA.

Leo la noticia en la prensa inglesa, más concretamente en el periódico “The Guardian” (la interpretación y los adjetivos subjetivos son del menda, o sea, de yo, es decir, de mi): los pirados de turno del núcleo inventor mundial (Silicon Valley) proponen –con un par de huevos (batidos)- olvidar los añejos manjares distribuidos tradicionalmente en desayunos, comidas, meriendas y cenas a cambio de cuatro “batidos” que garantizan, sobre el papel, toda la aportación diaria necesaria y recomendada de calorías, carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas y hasta treinta y cinco nutrientes básicos diferentes, de manera rápida, cómoda y económica; no hay ninguna necesidad de cocinar ni de masticar. Hasta ahí la información.

Parece ser que los techies, otrora tecnócratas, están encantados con esta puta dieta que les permite (¡canallas!) aguantar, sin problemas, sus exigentes jornadas laborales. Desde mi sincero punto de vista, estos auténticos gilipollas pueden ir a tomar por el saco (o bien “¡que los bomben!”, en expresión actual del político actual Xavier Trías, de Junts per Catalunya, después de ser defenestrado y excluido de la alcaldía de Barcelona por sus “amigos” del PP y de Podemos)... pues eso, y, luego, disfrutar de un batido extra.

Disculpen mi ira demoníaca pero, a mi edad, las idioteces se vislumbran con más nitidez y transparencia y, consecuentemente, los ardores mentales se suceden sin tregua ante tamaños dislates. Hay que ser muy, pero que muy imbécil, para dejar de lado las delicias de un buen desayuno (con huevos, jamón , judías con salsa de tomate, queso fresco, tostadas con mermelada de fresa, ensaimada, zumo de naranja y té o café); hay que ser muy, pero que muy cafre, para abandonar al vació una potente comida (con una deliciosa ensalada, unas lentejas con chorizo, unas suculentas perdices a la col, un queso gorgonzola, una tarta tatin y otro té o café con su copita de hierbas secas y todo esto regado con un mazizo y poderoso Maciá Batle, de Binissalem); hay que ser muy, pero que muy capullo, para dejar de amar una buena merienda a eso de la media tarde (con unas pastitas y un té o con un jabuguito con pan tierno y una copa de jerez); hay que ser muy, pero que muy estúpido, para saltarse una cena (con su sopita caliente con tropezones, sus raviolis al pesto y su pescado a la plancha con patatitas panadera, mojado con un blanco fresco Miquel Soler, de Petra, suave y afrutado).

Y todo eso, toda esta furibunda memez, a cambio de cuatro desgraciados y miserables “batidos” que no harán otra cosa que disminuir, a la corta, los procesos de natalidad universales. Porqué, de verdad, a base de batidos la gente andará tan aburrida que dejarán de copular y se lanzarán a ver programas de Ana Rosa Quintana en televisión, el mejor de los antídotos contra la alegría de la vida y sus múltiples diversiones.

Y si no, al tiempo.

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