El estudio advierte de que el tejido asociativo español presenta una estructura marcada por el “minifundismo tecnológico”. El 76,4% de las organizaciones analizadas son micro o pequeñas entidades con menos de 50 trabajadores.
Además, el 66,4% maneja presupuestos inferiores a 300.000 euros anuales. Esta situación limita la capacidad de realizar inversiones estratégicas y obliga a muchas entidades a centrarse únicamente en cubrir necesidades básicas.
INVERSIONES REACTIVAS Y SIN ESTRATEGIA
Aunque el 61,5% de las ONG asegura haber invertido en tecnología durante los últimos tres años, la mayoría lo ha hecho para sustituir equipos averiados o pagar licencias básicas.
El informe define esta situación como una “inversión de supervivencia”, alejada de procesos reales de innovación o transformación digital.
Solo un 17% de las entidades alcanza niveles de inversión tecnológica similares a los del ámbito empresarial, situados entre el 3% y el 5% del presupuesto anual.
MIEDO A QUEDARSE ATRÁS
Las organizaciones participantes reconocen el impacto negativo de no avanzar en digitalización. El informe señala que muchas entidades temen perder competitividad, desconectarse de sus usuarios o incluso desaparecer.
Además, el 30% considera que podría quedarse fuera de convocatorias públicas o perder financiación por no adaptarse a las exigencias de gestión electrónica de las administraciones.
PROPUESTAS PARA MEJORAR LA DIGITALIZACIÓN
La Fundación Esplai propone una hoja de ruta centrada en mejorar la eficiencia operativa de las entidades sociales.
Entre las principales medidas figura la implantación de sistemas CRM para unificar la información y reducir el uso de hojas de cálculo aisladas, que actualmente consumen gran parte del tiempo del personal en tareas manuales.
APUESTA POR LOS ‘HUBS’ COMPARTIDOS
El estudio también plantea fomentar la mutualización tecnológica y crear ‘hubs digitales compartidos’ entre organizaciones.
Con este modelo, las entidades más pequeñas podrían acceder a herramientas avanzadas, soporte técnico y formación especializada mediante economías de escala.
“La tecnología sin estrategia acaba convirtiéndose en un gasto residual”, concluye el informe, que reclama un cambio de modelo para que el Tercer Sector pueda impulsar procesos reales de innovación.








