Tras el conflicto con el Obispado

Las monjas jerónimas quieren preservar el carácter religioso del convento de Santa Isabel

Vista del convento de Santa Isabel en Palma con estatua religiosa en primer plano
El convento de Santa Isabel busca un nuevo destino tras un conflicto judicial. La Santa Sede supervisará su futuro.

Las monjas jerónimas del Monasterio de Santa Isabel en Palma estudian el futuro del inmueble, pero son partidarias de mantener su función religiosa.

Las monjas jerónimas han iniciado el proceso para decidir el futuro del Monasterio de Santa Isabel de Palma después de que el Tribunal Supremo haya puesto fin de forma definitiva al conflicto judicial sobre la titularidad del inmueble, al inadmitir el recurso de casación presentado por el Obispado de Mallorca contra la sentencia que reconocía la propiedad a la comunidad religiosa.

La presidenta de la Federación de Monasterios de Monjas Jerónimas de Santa Paula y priora del monasterio, Ángeles Sanz, explicó este martes que, una vez cerrada la batalla judicial, se abre una nueva etapa centrada en encontrar el mejor destino para el edificio, ubicado en el centro histórico de Palma.

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"Se acaba una etapa y, con toda nuestra esperanza, se abre otra en la que junto al consejo nos ponemos a trabajar. Seguro que encontraremos un buen destino para este lugar sagrado", afirmó la religiosa.

Junto a ella compareció la abogada María del Pilar Roselló, quien ha representado a las jerónimas durante los doce años que ha durado el litigio. La letrada celebró que el procedimiento haya concluido con lo que calificó como "un triunfo de la verdad" y permita abrir una nueva fase para determinar el futuro de Santa Isabel.

"Acabamos de salir del pleito y la pregunta sobre qué deparará el futuro todavía se tiene que estudiar", señaló Roselló, aunque avanzó algunos de los criterios que guiarán las decisiones que se adopten.

La abogada recordó que las jerónimas son una orden de derecho pontificio, por lo que cualquier operación relacionada con el monasterio, ya sea una eventual venta, alquiler o cualquier otra fórmula de gestión, deberá contar con la supervisión y autorización de la Santa Sede.

En este sentido, explicó que las directrices vaticanas para este tipo de bienes religiosos e históricos priorizan la conservación de la vida religiosa allí donde sea posible.

"Estas instrucciones dejan claro que estas piedras, este arte, lo que encierra este monasterio, habla y tiene una función evangelizadora. Y por lo tanto, se insiste en la indicación de mantener, si es posible, la vida religiosa. Y si no, buscar un destino que sea compatible con el plan de la orden", apuntó.

Roselló añadió que la Santa Sede contempla distintas alternativas para garantizar la continuidad de la misión de las órdenes religiosas en aquellos casos en los que ya no sea posible mantener una comunidad estable en el inmueble. Entre las opciones figuran usos compatibles con la conservación del patrimonio histórico y artístico, el mantenimiento del culto o proyectos de carácter social y docente.

"Ya sea conciliando el culto en la Iglesia, la atención al patrimonio artístico e histórico o conciliando un destino social, docente y compatible con esa pervivencia del plan carismático", concluyó la letrada.

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