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El equipo de investigadores formado (de izquierda a derecha) por Pablo Luque, Marta Marcos y Lluís Gómez-Pujol. Detrás, Alejandro Orfila
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El equipo de investigadores formado (de izquierda a derecha) por Pablo Luque, Marta Marcos y Lluís Gómez-Pujol. Detrás, Alejandro Orfila

"La costa balear y el urbanismo se van a ver afectados por la crecida del mar"

sábado 05 de diciembre de 2020, 20:56h
Recientemente, ha sido presentado por parte del Govern el visor cartográfico "Costes pel Canvi", como parte de un estudio que analiza la exposición, vulnerabilidad y riesgo de inundación del litoral asociado a las playas arenosas de Baleares. Se trata del primer producto de un trabajo todavía en desarrollo, elaborado por el Sistema de Observación Costero de las Islas Baleares (SOCIB, MICINN-CAIB), con participación de la UIB y el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB). Uno de los responsables de ese estudio es el profesor universitario Lluís Gómez-Pujol, quien al inicio de la entrevista recalca que el equipo de trabajo está también compuesto por los doctores Alejandro Orfila y Marta Marcos, y por el físico e ingeniero de telecomunicaciones Pablo Luque.

¿A qué posibles escenarios nos enfrentamos?

Las previsiones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, regionalizadas para el Mediterráneo occidental, están hechas bajo las suposiciones de dos escenarios, uno de mitigación de las emisiones de dióxido de carbono —CO2— y el otro de mantenimiento del ritmo actual de emisiones durante el siglo XXI. Si tomamos como referencia el escenario menos adverso y el más adverso, la subida del nivel medio del mar se prevé para 2050 en un rango que abarca de 18 a 36 centímetros.

¿Y para finales de siglo?

Para finales de siglo, en concreto para 2100, el escenario menos adverso arrojaría una horquilla de ascenso del nivel medio del mar de entre 32 y 79 centímetros, mientras que si pensamos en el más adverso, esa horquilla sería de entre 46 y 103 centímetros. Eso sólo en lo referente a la subida media del nivel marino. Si se le añaden otras variables, como las mareas astronómicas y meteorológicas o la sobreelevación por oleaje, el alcance de la cota total de inundación puede ser algo mayor. Todo ello quiere decir que a partir de 2050 los efectos del cambio global ya van a poder ser evidentes en las playas arenosas de Baleares.

"A partir de 2050 los efectos del cambio global ya van a poder ser evidentes en las playas de Baleares"

¿Cuáles serían esencialmente esos efectos?

No hay que ser alarmistas. El objetivo de nuestro proyecto es dotar a la Administración de unas herramientas que le permitan incorporar a la planificación sectorial esta visión a largo plazo sobre los efectos del cambio global. Los efectos sobre las playas arenosas se empezarán a notar y pueden generar algún problema a partir de ascensos del nivel medio del mar por encima de los 40 centímetros. Eso quiere decir que incluso reduciéndose las emisiones de CO2 de aquí a 2050, el peor de los casos modelizados ya arroja valores cercanos a los 40 centímetros. Eso implica que no se pueden aplazar o dejar para más tarde las acciones de adaptación o incorporar la dimensión del cambio global en la planificación.

¿Podría, aun así, ponerme algún ejemplo concreto?

Le decía que no hay que ser alarmistas porque que suba el nivel del mar no necesariamente implica que nos vayamos a quedar sin playas, o que éstas vayan a ser más estrechas. Los factores locales van a jugar un papel muy importante. Así, aquellas playas que tengan espacio para retroceder —como sistemas dunares o fondos de barrancos— se retranquearán y podrán reciclar la arena de las dunas para atenuar el efecto del ascenso del nivel del mar y los temporales. Por tanto, vamos a seguir teniendo playas arenosas y seguirán manteniendo su función recreativa y turística. No serán iguales que las de hoy en día, pero estarán allí. Aquellas playas que sean más o menos estrechas, con poca pendiente, poca cota topográfica y que detrás se encuentren con un paseo marítimo o un acantilado, van a perder parte de su superficie de playa seca e incluso puede ser que algunas edificaciones o infraestructuras puedan verse comprometidas.

"Las playas que tengan espacio para retroceder se retranquearán y podrán reciclar la arena de las dunas"

¿Los futuros ascensos del nivel del mar afectarán sobre todo a las salinas y las albuferas?

Efectivamente. Cualquier zona deprimida cercana a la costa se verá afectada si se encuentra a cotas por debajo de los 79 centímetros, que es el escenario más adverso en el caso de que de aquí a final de siglo se puedan reducir las emisiones de CO2. Tanto más se verá afectada cuanto más deprimida sea la zona y sus pendientes más suaves. Si no se consiguen reducir las emisiones y se alcanzan los escenarios más adversos para las modelizaciones, que arrojan un ascenso del nivel medio del mar de 103 centímetros para finales de siglo, cualquier punto de la costa que se encuentre alrededor del metro de altura puede verse afectado.

¿En otras zonas turísticas del Mediterráneo ocurrirá también lo mismo?

Evidentemente. Es un proceso global y dentro de la cuenca del Mediterráneo occidental afectará de igual manera a todo el litoral arenoso. Las variaciones de un lugar a otro dependerán sobre todo de la sobreelevación del oleaje o de las mareas meteorológicas. En otras palabras, no habrá excesivas diferencias, y el impacto dependerá del grado de artificialización y urbanización del litoral. Mientras haya espacio para el retranqueo de las playas, y sistemas dunares que puedan amortiguar el impacto del ascenso, los efectos serán más tenues.

"Las autoridades autonómicas pueden redefinir los modelos productivos, prever recursos y planificar la respuesta"

¿Debería cambiar la planificación urbanística en determinados enclaves de Baleares?

Bueno, nosotros como científicos damos las herramientas, los indicadores y nuestro conocimiento sobre el ascenso del nivel del mar, la hidrodinámica o el transporte de sedimento. La adopción de medidas de adaptación o de cambios en la planificación sectorial, sea o no urbanística, es un tema que entra en el campo político y de modelo territorial. Lo que está claro es que no se puede seguir planificando sin considerar un fenómeno como el cambio global y que las medidas de adopción no se improvisan de un año para otro. Debemos empezar a planificar a larga escala temporal.

¿Será necesario acabar construyendo diques en algunos puntos de Mallorca?

Hay multitud de técnicas y enfoques con los que abordar la adaptación al cambio global. Piense que en la costa de Bélgica o de los Países Bajos ya llevan muchos años trabajando en ello y que hay soluciones que van desde el retranqueo y la retirada de actividades antrópicas —como los campos de cultivo o los paseos marítimos— hasta las regeneraciones o la construcción de diques. La reflexión que debemos hacer es si vamos a tener suficientes recursos económicos para ello, o si es más barato en términos económicos y sociales adoptar una u otra solución. Por ello, es un debate que no debe dejarse para el último momento y que conviene poner sobre la mesa con indicadores como los que se han presentado o herramientas como el visor de "Costes pel Canvi".

¿Qué pueden hacer las autoridades autonómicas ante un problema global?

Pueden avanzarse, empezar a trabajar y redefinir los modelos productivos, prever recursos y consensuar y planificar la respuesta.

"Una vez superada la crisis sanitaria por el coronavirus, las derivadas del cambio global seguirán ahí"

¿Y los propios ciudadanos, qué podemos hacer por nuestra parte?

Podemos contribuir en lo posible a la reducción de emisiones y entender que nuestras costas no son un medio estático, ni un jardín barroco que uno diseña a su gusto o la terraza de una piscina. La costa es un medio natural, variable y dinámico.

¿Las pesimistas previsiones para Baleares pueden ser aún reversibles?

Hay poco margen. Aun así, el impacto más adverso previsto para 2100 en caso de que haya una reducción de gases es de 79 centímetros, que siempre será mucho menor que los 103 centímetros del peor escenario, que sería que no hubiera reducción de CO2. Esos 24 centímetros, en según qué localidades y atendiendo a sus características particulares, pueden llegar a ser relevantes. Así que todo lo que se pueda revertir, bienvenido sea.

¿La pandemia puede provocar, indirectamente, que el cambio climático deje de ser una prioridad?

Son problemas y escalas temporales diferentes. Una vez superada la crisis sanitaria por el coronavirus, las derivadas del cambio global seguirán ahí.

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