El pasado lunes, 29 de diciembre, nos dejaba a los 94 años Cecilia Gímenez.
En 2012 Cecilia perpetró en el Santuario de la Misericordia el conocido Ecce Homo o Paquirrín de Borja sobre la pintura mural del artista Elías García Martínez, lo que ha servido principalmente para generar un flujo de visitas insospechado para Borja (300.000 visitantes al año) con unos ingresos de 600.000 euros.
El Paquirrín de Borja también ha servido para que los visitantes de extranjeros vengan a España y comprueben lo cafres que somos con nuestro patrimonio. La misma semana que se descubrió la desgracia, llegaron miles de visitantes a mofarse del esperpento.
En otro país la obra de Cecilia se habría considerado simplemente vandalismo. De hecho, los descendientes del pintor García Martínez, la denunciaron por vulnerar los Derechos del Artista, y se libro por los pelos o por lástima.
Pero eso en España como que nos importa una mierda, con tal que vengan al pueblo a pasar el día y comer lechazo, y adquirir el extenso merchandising con el horrendo enjendro: camisetas, tazas, termos, bolsas, mochilas, gemelos, postales, abridores de botellas, llaveros, imanes de nevera, escapularios y pulseras, USB, almohadillas y limpia pantallas. Incluso se ha creado una D.O.M. “Campo de Borja” para un vino.
Cecilia Gímenez también creó el genérico “Ecce Homo” (el Paquirrin de Cecilia es como Gillette para las maquinillas de afeitar), para los cientos de atrocidades que se han realizado y realizan, en nombre de la buena voluntad, contra otras obras de arte religiosas en España que la Iglesia, no es capaz de restaurar, y las deja en manos de “voluntariosos restauradores ocasionales”, siempre que se destrocen o desfiguren, eso si, con “buena voluntad”.
Ha sido un antes y un después en el mundo del arte religioso, hasta el punto que Borja tenia Stand propio en IFEMA con el bodrío como imagen institucional.
Lógicamente cualquier pueblo de la España profunda, ha visto en esto de los Ecce Homos una oportunidad innegable, y puntualmente cada año aparecen otros esperpentos, como motor y acicate del turismo para aquellas localidades que no tienen playa, paella, rutas de ciclo turismo, conciertos y raves en su oferta turístico cultural.
Gracias a Ceciila Gímenez el edadismo, ha superado las barreras del grafiti y el vandalismo.
La Consejería de Turismo de Aragón y la Diputación de Zaragoza están pensando en ponerle su nombre a una presa, Centro Cultural o recinto ferial, ya que nadie ha hecho tanto por el turismo de Borja como Cecilia Gímenez. Borja no existía antes de Cecilia y la Fundación Hospital Sancti Spiritus, tampoco.
Descanse en Paz
Jorge Llopis Planas, director de Pecadosdelarte.com



