El futuro del edificio de GESA vuelve a abrir un nuevo debate en Palma. La patronal del pequeño y mediano comercio, Pimeco, ha reclamado que la reconversión del emblemático inmueble en Nou Llevant incluya un aparcamiento de unas 2.000 plazas, advirtiendo de que, sin esta infraestructura, el proyecto “no será útil para la ciudad”.
La organización empresarial defiende que no se trata de una petición aislada ni caprichosa, sino de una necesidad respaldada por los propios documentos municipales. En concreto, recuerda que el Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS) de 2022 ya reconoce un déficit estructural de alrededor de 15.000 plazas de aparcamiento en Palma. Un problema que, según el propio plan, se agrava en el corredor de Llevant, donde la falta de estacionamiento lleva años tensionando la movilidad.
Para Pimeco, lejos de ser un obstáculo, el aparcamiento forma parte de la solución. Su argumento es que cuando el coche tiene dónde parar, "desaparece de la circulación". "Menos vueltas buscando sitio, menos tráfico, menos ruido y menos contaminación". La patronal sostiene que ordenar el estacionamiento permitiría, precisamente, liberar espacio en superficie para peatones, zonas verdes y una ciudad más habitable.
NO PUEDE HABER TRANSFORMACIÓN SIN APARCAMIENTO
El entorno de GESA, subrayan, no es un barrio cualquiera, concentra equipamientos públicos, actividad económica y un flujo constante de desplazamientos diarios. Por eso, advierten de que su transformación no puede abordarse únicamente desde la óptica vecinal ni limitarse al rechazo a determinadas infraestructuras.
“Los barrios forman parte de la ciudad, pero no pueden comportarse como si la ciudad acabara en su portal”, señalan desde la patronal, en una crítica directa a las posturas que apuestan por reducir al máximo la presencia del coche. En esa línea, recuerdan que no todo el mundo puede desplazarse a pie, en bicicleta o en transporte público: desde personas mayores hasta trabajadores o usuarios de servicios necesitan soluciones reales de acceso.
PIMECO insiste en que no se opone a la creación de zonas verdes ni a la mejora del espacio público, pero advierte del riesgo de plantear proyectos “bonitos sobre el papel” que luego no funcionen en la práctica. “Un espacio sin accesibilidad suficiente no es un avance, sino un problema aplazado”, concluyen.







