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"Por suerte no fui al viaje del Rasputín"

sábado 02 de agosto de 2014, 09:22h
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Albert Candela  (Vilanova y la Geltrú, 1949) se jubila como jefe de protocolo del Govern Balear después de 36 años de servicios ininterrumpidos al autogobierno desde sus más primitivos orígenes. Testigo único del desarrollo autonómico, actor en la sombra a la hora de articularlo, se va a cuidar a su nieto y a su casa de campo de Bunyola con la satisfacción del deber cumplido. No se ha planteado, de momento, escribir un libro con sus memorias. La discreción es una de sus cualidades.

-¿Cuando comenzó su tarea de protocolo?

-En 1978 en la antigua Diputación Provincial, que entonces presidía el dermatólogo Sampol. Aún no se habían producido las primeras elecciones municipales. Nos regíamos por la normativa franquista, que hubo que cambiar con los años. Estaba todo por hacer. Por ejemplo, al principio de la preautonomía, en 1979, en tiempos del Consell General Interinsular, cuando el presidente era Jeroni Albertí, la primera autoridad de Balears era el gobernador civil y la segunda el capitán general. Hubo que trabajar mucho porque estaba todo por hacer .Por fin se articularon normas para que el president del Govern fuese la primera autoridad así en todos los los ámbitos institucionales y sociales.

-¿Qué recuerda de la época preautonómica?

-Jeroni Albertí estuvo de presidente preautonómico hasta 1982. Unos meses antes de las primeras elecciones autonómicas de 1983 dimitió para formar Unió Mallorquina y presentarse a las elecciones. Tenía problemas con el diputado de UCD Santiago Rodríguez Miranda. Los últimos meses fueron presididos por Francesc Tutzó. En aquellos tiempos tenía mucho peso el titular de Cultura, Josepp Francesc Conrado de Villalonga. Prácticamente todos estábamos concentrados en el Consolat de la Mar. Avanzábamos con pocos medios.

-El Consolat siempre ha sido un centro de poder...

-Desde siempre. Durante el franquismo fue la sede de la secretaría general del Movimiento. En este edificio se ha bebido aceite de ricino.

-¿Cómo recuerda la época de Víctor Gistau al frente de Protocolo?

-Yo estuve a sus órdenes hasta 1988, en que pasé a ser el jefe. Era una época en que todos aprendíamos. El presidente era Gabriel Cañellas, el primer presidente autonómico, que hizo un gran esfuerzo para darle la máxima categoría a la institución en todos los actos oficiales. Quería que el autogobierno infundiese respeto aunque entonces no contaba con todos los medios de que goza en la actualidad.

-Hasta el punto que a veces la cosa acabada en una carrera para ocupar el sitio, como ocurrió con la visita de la Reina de Inglaterra...

-Así fue. Era  mediados de los años ochenta en la Base Aérea de Son Sant Joan en el acto de despedida de la Reina Isabel. Cañellas decidió que la delegación autonómica debía recibir a la Reina prácticamente en la puerta de la Base y luego acompañarla hasta la pista, donde se encontraban el resto de autoridades.Pero el coche de la Reina pasó de largo y se dirigió directo a la pista. Cañellas y todo su equipo tuvieron que correr para situarse en su sitio a tiempo. Pero con estas decisiones se conseguía destacar la importancia del Govern sobre el resto de instituciones.

-También se organizaron grandes viajes, ¿cómo los recuerda?

-Era la apertura institucional de Balears al exterior. Era importante. Recuerdo que el de Cañellas a California donde coincidócon el Papa Juan Pablo II para entregarle la llave de la casa de Fray Junípero despertó mucha polémica mediática. Hubo muchas bromas. Pero lo cierto es que esta expansión del autogobierno coincidió en el tiempo con el de empresas hoteleras isleñas, que invirtieron en República Dominicana, Cuba, Méjico, Jamaica o Estados Unidos. Y ahí siguen en la actualidad.

-Usted es de los convencidos de que estos viajes sirven para mucho...

-Absolutamente convencido. Hemos ido a todas partes donde se ha podido potenciar la imagen de Balears, a muchas ferias turísticas. Hemos ido a Moscú para captar un mercado emisor turístico de gran futuro. Lo hizo el president Antich y luego el president Bauzá en la presente legislatura. Pienso que ha valido la pena, sinceramente.

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-Ha estado presente en prácticamente todos los viajes...

-He estado en muchos.Pero puedo decir con alegría y alivio que no asistí al que hizo el president Matas a Moscú con motivo de un partido del Real Mallorca y que acabó con el asunto del Rasputín. En este sentido, puedo dar fe de que Jaume Matas no fue al Rasputín. Otros tal vez sí, pero él no. Lo sé.

-Balears ha sido pionera en escándalos políticos, desde principios de la autonomía hasta la actualidad, que tenemos al president Matas en la cárcel.  Usted ha sido testigo de no pocos de estos follones...

-Empezamos muy pronto: Zeus y Torcal, olivareras, túnel de Sóller, caso Calvià... En el primero de todos, el Zeus y Torcal, el presidente Cañellas actuó con absoluta buena fe. Hizo una reforma dentro del Consolat que era prácticamente poner una pequeña pared, pero contrató una empresa ligada a su familia. Lo hizo de buena fe porque si hubiera podido intuir la tempestad que se armó por una cosa tan pequeña no lo hubiera hecho.

-En 1995 usted vivió la caída de Gabriel Cañellas. Debió ser muy duro...

-Lo fue. Aznar le exigió que se marchase a causa del asunto del túnel de Sóller. Cañellas resisitió al presentar su renuncia al PP Balear que éste no le aceptó. Finalmente recuerdo el día de la Vírgen del Carmen en el Castillo de Bellver en un acto que allí se celebraba. La posición de Cañellas se volvió insostenible ante la presión mediática y la famosa frase de Aznar de "no consentiré que seas una piedra en mi camino". Finalmente dimitió.

-Le sucedió Cristòfol Soler, que a los diez meses también fue destituído por su propio partido. ¿Lo vivió de cerca?

-Sí. El día antes Soler había nombrado un nuevo Govern en el que por cierto Jaume Matas aparecía de conseller de Agricultura.Este Govern, aunque apareció publicado en el BOIB, nunca fue considerado como tal. Aquel mismo día se reunió el Grupo Parlamentario del PP en el Parlament y decidió destituir a Soler. Vinieron dos diputados al Consolat, Joan Huguet y Rosa Estarás. Entraron en el despacho del presidente Soler. Sólo estuvieron un minuto. Al poco Soler dio la orden: convocad rueda de prensa urgente. Presento la dimisión. ¡Un presidente dimitiendo en un plis-plas! Era lo nunca visto.

-Y llegó Matas...

-Imprimió un nuevo ritmo al Consolat. Fue presidente en dos legislaturas con una de Antich de por medio. Era muytrabajador. También, como Cañellas, iba a muchas ferias en fin de semana y hablaba con la gente. Cañellas también era así. Algún domingo llegó a ir a dos misas en dos pueblos diferentes.

Usted se ha llevado bien con presidentes de izquierdas y de derechas...

-Recuerdo con agrado las dos etapas de Antich. Se preocupaba mucho por los problemas, tal vez demasiado. A menudo parecía distraído pero en realidad estaba pensando. A veces nos cruzábamos cinco veces por el pasillo y prácticamente no me veía, metido en lo suyo, dando vueltas y tomando decisiones. Fumaba tres paquetes de cigarrillos al día. Yo creo que hizo un gran esfuerzo para vencer su timidez natural.

-¿Qué hará a partir de ahora?

-Estar en mi casa de campo de Bunyola y cuidar de mi nieto. El trabajo en Protocolo me ha absorbido muchísimo tiempo. Me marcho con la sensación de no haber dedicado a mi familia todo el tiempo que se merecía, pero ha valido la pena. He vivido unos años extraordinarios.

-¿Escribirá sus memorias?

-No me lo he planteado, al menos de momento.

-Pese a que nació en Catalunya, usted ya se debe sentir mallorquín...

--¡Y tanto! Llegué cuando era un adolescente a mediados de los años sesenta por motivos laborales de mi padre, que trabajaba en el sector inmobiliario. Soy mallorquín desde hace medio siglo.

-¿Quién será su sucesor?

-Habrá una solución provisional con un compañero hasta las elecciones. Después se nombrará el jefe de protocolo definitivo.
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