Un último amanecer en Luxor, ropa clara, gafas de sol y una agenda que mezcla arqueología, cultura y geopolítica. Don Felipe y doña Letizia han cerrado su viaje de Estado a Egipto con una jornada que huele a papiro recién abierto: museo, tumbas reales y un repaso a tres milenios de memoria. No es solo una postal exótica: es una narrativa de España en clave internacional, con nuestros arqueólogos como hilo conductor.
La mañana ha arrancado en el Museo de Luxor, una parada que vale más que un discurso: vitrinas que hablan, piezas que respiran y dos nombres propios españoles como cicerones, Myriam Seco y José Manuel Galán. Ellos han guiado a los Reyes por hallazgos que son puro latido del Nilo: los ataúdes de Iqer y Neben —uno del 2000 a. C. y otro del 1600 a. C.—, ramos de flores de hace 3.000 años y el collar de una adolescente de unos 15 años del entorno del 1700 a. C., con lo que se considera el testimonio más antiguo de vidrio de Egipto. España no solo visita Egipto: también lo investiga y lo ilumina.
Vestida de blanco, Letizia, y Felipe con tonos caqui y beige, los Reyes han optado por la estética arqueóloga que pide Luxor. En una vitrina, una joya; en otra, un fragmento que reescribe un periodo. Ese diálogo silencioso entre piezas y mirada es la mejor diplomacia cultural.
Entre las piezas que han visto, destaca un pizarrín escolar del siglo XV a. C. que probablemente usó Djehuty, supervisor de los tesoros, con un posible retrato de Hatshepsut, la reina-faraón. Ayer mismo, los Reyes inauguraron la nueva iluminación del Templo de Hatshepsut, un trabajo posible gracias a un consorcio de empresas españolas que permitirá visitas nocturnas al monumento. Tecnología, patrimonio y marca país caminando de la mano.
La jornada ha seguido en el Valle de los Reyes, donde Ramsés V y VI han servido de mapa subterráneo para explicar cómo se conservan y acondicionan las tumbas. Los Reyes han recorrido galerías junto a expertos y se han detenido en la de Seti I, una de las más largas, profundas y bellamente decoradas del complejo. Bajo tierra, la historia late; en la superficie, se firma la complicidad cultural entre países.
El viaje comenzó con aterrizaje en El Cairo y honores oficiales. Recepción del presidente Al-Sisi y la primera dama, almuerzo y posterior cena en el icónico Hotel Mena House, con visita a las pirámides de Guiza incluida. Entre un compromiso y otro, Felipe VI asistió a una cumbre empresarial España-Egipto y se reunió con el primer ministro, mientras Letizia visitó proyectos de la Fundación Sultán en la Ciudad de los Muertos. Una agenda que combina economía, cultura y acción social en un mismo relato.
Un álbum de imágenes poderosas y varias certezas. La primera: España tiene voz propia en la gestión y difusión del patrimonio egipcio, gracias a décadas de trabajo serio de nuestras misiones. La segunda: la cultura es un activo geoestratégico que abre puertas donde a veces los memorandos no llegan. Y la tercera: la monarquía ejerce de altavoz que proyecta, ordena y prioriza esas historias para que tengan impacto.
No es casualidad que la jornada final haya sido arqueológica. Es un mensaje: la memoria compartida asienta las alianzas del presente. Egipto se mira en sus faraones; España, en sus equipos sobre el terreno. Cuando ambas miradas se encuentran, se firman futuros.
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