El detenido es un cliente habitual del establecimiento que llevaba tiempo quejándose de que la tragaperras no funcionaba correctamente para justificar sus pérdidas. El responsable de la máquina verificó el aparato y lo encontró en perfecto estado, así que se lo comunicó. La respuesta del cliente no fue aceptar la explicación, sino subir la presión.
Las exigencias fueron creciendo. El hombre empezó a reclamar cantidades elevadas de dinero como "compensación" por lo que había perdido, y para reforzar sus pretensiones recurrió a un método expeditivo: desconectar la máquina, dejándola inutilizable para el resto de los clientes, con el perjuicio económico que eso conllevaba para el local. Las amenazas contra el denunciante fueron volviéndose cada vez más agresivas.
Fue entonces cuando la víctima cedió. Ante el temor de que las amenazas se materializaran en una agresión física o en daños a su vehículo, el responsable de la máquina optó por entregarle dinero. Un alivio que duró poco: el individuo continuó jugando, perdiendo y exigiendo más.
La denuncia puso en marcha al Grupo de Atracos, que llevó a cabo las pesquisas necesarias hasta identificar al sospechoso. Fue detenido el pasado miércoles como presunto autor de un delito de extorsión y puesto a disposición judicial. El juez decretó una orden de alejamiento tanto del denunciante como del propio bar.






