Testimonios

Uno de cada tres "mallorquines" es extranjero

Más turistas y más gasto: Baleares consolidó un nuevo récord turístico en 2025

El decano del Cuerpo Consular en Baleares y cónsul de Francia, Michel Magnier, dio a conocer hace unos días que en Baleares hay unas 320.000 personas que «no son españolas y que residen aquí», sobre un total de 1,2 millones de habitantes. Extrapolando esas cifras al caso concreto de la isla mayor del Archipiélago, podría afirmarse que uno de cada tres mallorquines es hoy extranjero.

Las citadas 320.000 personas extranjeras que viven y trabajan en las Islas representan casi "el 30 por cien de la población" isleña y, además, conforman un porcentaje que "va en aumento", por lo que Baleares es, en el conjunto de España, "la comunidad autónoma más singular en este aspecto", tal como también afirmó Michel Magnier.

El decano del Cuerpo Consular en Baleares y cónsul de Francia indicó asimismo que "necesitamos que esas personas se integren y que puedan hacerlo dándoles visibilidad", en especial en el ámbito del turismo y de la diplomacia económica. En ese contexto, expuso que resulta fundamental "dar voz" a esas personas extranjeras y que puedan "también expresarse".

Asistentes en el encuentro FEHM del cuerpo consular en las Islas Baleares
Imagen del reciente encuentro entre el Cuerpo Consular y la FEHM.

"Se trata de tener una sociedad rica en su diversidad, pero lo más homogénea posible, pues no queremos discriminación, lo que queremos es integración", recalcó Magnier, en unas declaraciones a los medios que hizo antes del inicio del primer encuentro entre la Federación Empresarial Hotelera de Mallorca (FEHM) y el Cuerpo Consular en Baleares, que se celebró el pasado 17 de abril en el Hotel Aubamar. Cabe recordar que el citado evento reunió a los representantes de 29 delegaciones consulares con presencia en Baleares y a los directivos de las 23 asociaciones hoteleras integradas en la FEHM, con el objetivo de llevar a cabo a partir de ahora distintas actuaciones de forma coordinada.

LA MADRE PATRIA

En Mallorca viven y trabajan desde hace décadas miles de personas procedentes de Hispanoamérica. Una de esas personas es el panadero chileno Víctor Gatica (Santiago de Chile, 1966), casado y con tres hijos, que llegó a la isla en 2001, en principio para pasar sólo unos pocos días de vacaciones. Sin embargo, a los dos días ya le habían ofrecido dos trabajos, uno de panadero y otro de jardinero, por lo que decidió quedarse a trabajar y a vivir aquí. Desde entonces, ha pasado ya un cuarto de siglo y sólo tiene palabras de gratitud para su tierra de acogida.

"La lengua no supuso ningún problema, a pesar de que el significado de muchas palabras no es el mismo en Chile que en España", explica Víctor a mallorcadiario.com. Desde hace tres años y medio, nuestro interlocutor regenta su propia panadería, 'La casa de Víctor', ubicada en la calle Faust Morell de Palma. Entre sus especialidades se encuentran, además de los distintos tipos de pan y de la empanada chilena, productos propios de la isla como cocarrois, panades, ensaimadas, robiols o crespells.

Víctor añade que no le ha resultado difícil adaptarse a la elaboración de la repostería mallorquina. "Hace años, un panadero con el que trabajé me dijo que las masas son iguales en todas partes, porque todas llevan agua, harina y levadura", detalla, para apostillar: "Sólo cambian la forma y los ingredientes". Por último, nos comenta que la última vez que viajó a su país de origen fue en 2003. "Algún día, me gustaría regresar definitivamente a Chile, porque soy de allá, porque nací y me hice allí, y porque siento que tengo que volver", concluye con una cierta melancolía.

El panadero chileno Víctor Gatica trabajando en su establecimiento.

DESDE EUROPA

Si nos circunscribimos a los residentes isleños originarios del Viejo Continente, la presencia más significativa es, como es bien sabido, la de los ciudadanos alemanes. De esa nacionalidad es, precisamente, Michaela Hueffer, traductora y diseñadora de calzado. "Hoy felizmente divorciada y sin hijos propios", aclara con un punto de ironía.

Nacida en Münster en 1959, viajó por vez primera a Mallorca como turista a finales de los años setenta. Tras concluir sus estudios en Hamburgo en 1981, regresó de nuevo a la isla ya para quedarse. "Hablo inglés, español y alemán, así como también un poco de mallorquín, aunque lo entiendo más que lo hablo —sonríe—, y un poco de francés", especifica a este digital.

Michaela ha residido en diversos enclaves de la isla. "Mi primer piso fue en la barriada palmesana de Sa Gerreria, luego residí en el municipio de Andratx y desde 2004 vivo en Torre Blanca", señala. "Mi casa actual fue diseñada por el artista Onofre Prohens Payeras, y es única y muy bonita", resalta a continuación. De Mallorca, ama sobre todo "la belleza de esta isla y su gente", aunque a veces añora Münster. "Echo de menos los colores de los bosques en otoño y mis amigos de la niñez", evoca con nostalgia.

Mujer sonriente levantando una copa en la playa
La residente alemana Michaela Hueffer es traductora y diseñadora de calzado.

UNA NUEVA VIDA

La realidad de Europa está marcada también hoy por la guerra, en concreto por el conflicto armado que se inició en 2022 entre Rusia y Ucrania, que provocó el éxodo de decenas de miles de personas hacia distintos países. Una de las tierras de acogida fue Mallorca, tal como nos confirma Olga Bortnyk (Kaliningrado, 1981), que lleva ya cuatro años en la isla junto con sus dos hijos. En la actualidad, los tres residen en Palma. "Antes del inicio de la guerra, yo vivía en Kiev con mi marido, que se quedó allí", rememora con tristeza.

Cuando Olga llegó a España, no hablaba castellano ni tenía a ningún conocido aquí. "Gracias al abogado Pedro Munar, a Sal y Ayuda, a la Cruz Roja y a diversas personas que también me ayudaron, pude salir adelante", expone con gratitud. En su país natal trabajaba como ingeniera general de calefacción y su hobby era la pintura. En nuestro país, ha aprendido castellano, inglés y alemán, y ha cursado estudios de administrativa. "Hace unos meses, empecé a trabajar como profesora de pintura para turistas en seis hoteles", afirma con satisfacción.

Olga Bortnyk, residente en Mallorca, sonríe frente a una pintura
Olga Bortnyk, residente ucraniana en Mallorca, comparte su historia de adaptación.

Para Olga, lo mejor de Mallorca es su gente: "La gente de aquí es como un sol". En su opinión, los españoles son más abiertos que los ucranianos, "que son algo reservados". Con respecto a su futuro, señala que aún no tiene decidido si volverá o no a Ucrania una vez que acabe la guerra. "Hoy tengo dos países como patria", resume con emoción.

En estos tiempos hoy tan convulsos social y políticamente, tanto en Europa como en el resto de continentes, quizás no esté de más recordar lo que el filósofo George Steiner explicó en el libro Un largo sábado acerca de la condición de los extranjeros siglos atrás: "En griego antiguo, la palabra que se usa para designar al huésped, al invitado, y la palabra que se usa para designar al extranjero, son el mismo término: xénos". Hoy, por desgracia, ese término se utiliza casi solamente como prefijo en la palabra 'xenofobia', que significa "fobia a lo extranjero o a los extranjeros".

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