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La espada de Bolívar el sanguinario y la ley del embudo

Por Inocencio Arias
martes 23 de agosto de 2022, 12:27h

Aunque el hecho no me significa un quebradero de cabeza, tengo curiosidad por saber por qué el Rey Felipe permaneció sentado al paso de la espada real o falsa de Bolívar.

Me inclino claramente a pensar que lo hizo inconscientemente. No había siendo advertido de que desfilaría el adminículo, no se trataba del cuerpo de Bolívar ni de la madera nacional colombiana, y otros dignatarios tampoco se levantaron en ese momento. Por otra parte, el rey, según me cuentan y como conocí cuando viajaba con él, no tiene nada de desafiante ni de pendenciero. No parece que estuviera actuando recogiendo el guante de los desplantes o desaires que recibe en Iberoamérica ahora que está allí de moda ultrajar nuestra historia con un presentismo cateto y demagogo aplicando juicios de valor del siglo XXI a hechos transcurridos en el XVI. Don Felipe y su padre han sido muy caballerosos con los personajes históricos de aquellos países incluso con los que nos hicieron canallescas putadas como el ínclito Bolívar.

La Corona y España se han significado generosamente con un personaje cruel y sanguinario. Hace tiempo que pasamos página con un hombre que violó abyectamente las leyes de la guerra cuando luchaba contra las tropas realistas. Muchos de sus decretos de guerra mandando “decapitar a todos los presos españoles y canarios” o premiando con un ascenso o prebenda a los que presentaran la cabeza de cien españoles, harían palidecer la brutalidad de figuras como Nerón o Atila.

Bolívar sería un claro genocida si lo juzgamos con criterios del siglo XXI. Sin embargo ha sido honrado con frases elogiosas por Don Juan Carlos mientras que nuestro actual monarca ha, seguro, participado en actos que alababan su memoria en los 77 viajes que ha hecho a Iberoamérica para tomas de posesión; los presidentes españoles lo han ensalzado con regularidad. Lo vi en el último desplazamiento de Suárez a América: fuimos a Colombia a honrar sin remilgos a Bolívar. Por último, la estatua del despótico Libertador se erigió en el parque del Oeste madrileño en la era de Franco.

El rey Felipe no ha actuado para decir que ya está bien de poner la otra mejilla para que nos sigan vejando con gestos o calificativos impropios. Nunca ha dado a entender en ninguna manifestación que Bolívar era un sujeto vidrioso, implacable, cruel, ni tan valiente ni tan bien estratega como ha creado el mito y al que Marx calificó poco menos que de farsante. Que, por cierto, cuando tuvo que abandonar Venezuela ante la frialdad u hostilidad de sus compatriotas buscó refugio en Colombia en la finca de un español al que habría apiolado sin vacilar pocos años antes.

No pocos españoles hoy habrían aplaudido que el rey intencionadamente no se levantara ante la espada. Sin embargo, podemitas e independentistas, en su obsesión interesada por socavar a la monarquía, no tendrían esta actitud si cualquier menosprecio, si el desliz, si las frases del peruano del sombrero se profirieran ante un presidente de la republica español. Les molestaría. Su fijación es menoscabar a un rey que viene dando ejemplos constantes de sensatez y de respeto a la Constitución.

Y en cuanto a las voces, no abundantes aún, que han surgido en nuestras antiguas colonias, pensemos, como ha corrido por internet, lo que harían muchos mandatarios iberoamericanos si aquí hubiésemos montado actos como el de la espada. (En la Conferencia sobre Oriente Medio en Madrid nuestra gente desplazó del Palacio real cualquier objeto que pudiera ser insultante para los árabes). ¿Qué pasaría si en su visita oficial a España el demagogo López Obrador se encontrara dando un discurso debajo de un llamativo estandarte de Hernán Cortés? Abandonaría la sala, tomaría el avión y bravuconearía diciendo que iba a romper relaciones porque se le había humillado, a él y a Méjico. En su plática ante la prensa diría que los españoles eran unos gachupines presuntuosos, explotadores como nuestras empresas, y no se avergonzaría de que doscientos años después de su independencia tiene que importar 300 médicos cubanos porque los de su país no quieren ir a ciertas zonas. ¿Qué haría el peruano Castillo si lo sentáramos junto a una estatua de Pizarro y protocolo le dijera que se quitara el sombrerito por respeto a un conquistador egregio?

>En resumen, la colonización española resiste favorablemente la comparación con las de otros países y aunque el rey no debe manifestarse ya es hora que digamos los plebeyos, no ya a los podemitas, maestros de la ley del embudo, sino a nuestros hermanos iberoamericanos que nos dan la matraca con las tropelías de nuestros generales o virreyes: “que sí, que sí, fuimos un tanto brutales pero para cabrón despiadado Bolívar“, o “para bestia caníbal Moctezuma. Esos sí que eran fenómenos”.

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