Aquel día llegué a su estudio sobre las once de la mañana, ubicado en la zona palmesana de Son Fuster, en una calle sin salida. El coche marcaba 34 grados, como casi todos los días de esa semana. Él salió a recibirme…
¿Cómo estás? – bien respondí, ¿y tú? Bien, aunque hace poco pasé un cáncer de próstata pero ya estoy recuperado.
Hijo de Heraclio un rudo marinero con el cuerpo tatuado, nacido en 1902 en un pequeño pueblo de Pontevedra que vino a Mallorca después de la Guerra Civil y conoció a Carmen (su madre) natural de Alicante dedicada a trabajos caseros. Es hermano de Carmen (fallecida) y de Fermina. Ángel San Martín Pérez nace en Palma un 11 de octubre de 1945…
Fue el año marcado por el fin de la Segunda Guerra Mundial con la derrota de la Alemania Nazi y del Japón Imperial, por la unión de las dos potencias (las fuerzas aliadas). De ahí se pasó a la Guerra Fría y dejaron de ser aliados. Ese año Estados Unidos lanzaría dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, con la muerte de cientos de miles de civiles, se fundaba la ONU, Jean Paul Sartre con una exitosa conferencia en París daba el punto de partida al movimiento “El existencialismo es Humanismo”. Sartre y Simone de Beauvoir se convertían en símbolo de aquella generación, en Méjico se fundaba la empresa Bimbo, se inauguraba el Museo de Bellas Artes de Bilbao, se estrenaba la película “Los últimos de Filipinas”, se inauguraba el estadio de fútbol Luis Sitjar.
Le recordé que días atrás habíamos coincidido en una exposición colectiva en la 4ª Planta de C&A, a pocos metros del Círculo de Bellas Artes que precisamente organiza esta muestra.
Sí, participé junto a otros 50 artistas. Aunque últimamente me dejo ver poco y asisto a pocos actos sociales. Me lo propusieron y consideré que debía estar, es un espacio y una muestra interesante.
Nos sentamos uno frente al otro en una sala grande de paredes altas que hace las veces de hogar y de estudio. Vi que sobre una mesa tenía unas hojas con apuntes y le pregunté si era información para la entrevista. Me contestó afirmativamente.
Comencemos entonces…
¿Qué primer recuerdo de la infancia de le viene a la memoria?
Vivíamos en un pequeño piso del casco antiguo de Palma; recuerdo los juegos en la calle, ir a casa de los amigos a buscarles y entrar sin ceremonias, la gente se sentía tranquila y las puertas estaban abiertas. Tenerlas cerradas era de gente extraña. Nos pasábamos más tiempo fuera de casa que dentro.
Mi padre en verano iba con manga larga, le avergonzaba que le viesen los tatuajes, en la actualidad no tendría ese problema.
Tuvo algún juguete preferido
No tuve un juguete favorito, prefería leer. Me pasaba horas con los libros.
¿Qué puede contarnos de sus tiempos de estudiante?
Era buen estudiante en general. Hasta los catorce años fui al cole, con buenas notas. Me gustaba ir a la biblioteca de la Caixa de la calle Colón, leía novelas y también libros de historia, por desgracia no tuve un profesor, porque en la escuela de Artes y Oficios los funcionarios tan solo ojeaban los trabajos y poco más, y aprendí a pintar por mi cuenta.
¿Cómo pasaba las vacaciones de verano o Navidad?
No se diferenciaban de la vida cotidiana. En una ocasión hicimos algo que cambió mi rutina, viajamos a Alicante a conocer a la familia de mi madre. Recuerdo las navidades con cierta nostalgia, mi padre, mi madre, Fermina y yo sentados alrededor del brasero calentito, y jugando al parchís.
Algún recuerdo de su adolescencia
Como hijo de familia obrera empecé a trabajar con quince años en el despacho de un arquitecto (Rafael Pomar) del que guardo buenas sensaciones, como profesional y como persona. Además de aprender dibujo técnico en el despacho, me inscribí para realizar cursos de dibujo en la Escola de Maestría Industrial y también fui a la Escuela de Artes y Oficios para perfeccionar mi dibujo, ensayábamos con estatuas de yeso y eso me aburría, pero tuve la inmensa suerte de coincidir con jóvenes que se dedicaron a la pintura y que a lo largo de la vida hemos sido amigos.
¿Desde cuándo se dedica a la pintura?
Pinto desde los doce años aproximadamente. Al principio a lápiz copiando lo que me llamaba la atención. Me iba con mi madre en tranvía hasta la playa de Cala Mayor y allí pintaba paisaje al natural con óleo. Mi hermana Fermina guarda el primer cuadro que además tiene una anécdota. Mientras lo pintaba, se acercó un señor mayor que me comentó que debía hacerle una corrección y el mismo cogió el pincel y le aplicó una mancha. Mi madre y yo nos quedamos sorprendidos, mirando a aquel extraño. Toda la vida me arrepentí de que ese desconocido interviniese y cambiase mi obra, con lo bien que había quedado.
¿Cómo fueron aquellos inicios, el aprendizaje?
Aprendíamos con libros, con catálogos, con la información que nos pasábamos unos a otros. Memorizo uno de tantos días de salir a la calle a pintar con Vicente Torres, nos paramos en el Paseo del Borne y apenas habíamos colocado el caballete y enseguida vino un policía municipal para preguntar que estábamos haciendo. Eran otros tiempos. Aún conservo el primer libro de arte que compré “la pintura moderna” de Herbert Read que me ha servido muchas veces para consulta.
Y llegó la primera exposición y luego otra y otra…
La primera fue una participación en una colectiva con una formación de la que era uno de los fundadores, el Grupo Bes, y fue en el Rincón del Artista con R. Canet, V. Torres, Muriel S. y yo. Después vinieron una serie de individuales a las que guardo mucho cariño. En la galería 4 Gats de Ferrán Cano, en la Galería Pelaires de Pep Pinya, en el Casal Solleric y en La Lonja.
En aquel tiempo me presentaba a concursos que solían programar en los ayuntamientos y las instituciones y tuve suerte, en varias ocasiones escogieron mis obras para premiarlas.
En su recorrido expositivo sus obras han pasado por ferias como la Bienal de Barcelona, ARCO en Madrid, la Expo 92 de Sevilla, Interart de Valencia, por toda la geografía mallorquina principalmente en Palma y en Pollensa de la mano de la Galería Bennàssar, ampliando esta presencia en numerosos lugares de la península, Málaga, Pamplona, Valladolid, Cádiz, Alicante, Murcia, Santillana del Mar, Valdepeñas, y en Goteburgo, Ámsterdam, Puerto Rico, Washington, etc.
Paralelamente era funcionario por las mañanas y por las tardes pintor.
Después de diez años en el despacho de arquitectura, tendría 24 años, me presenté en el ayuntamiento de Palma, antes no había oposiciones, el currículo no era tan importante como ahora. Estuve trabajando como delineante hasta los 65 años en que me jubilé, por las mañanas ejercía mi labor de funcionario y por las tardes pintaba.
Vivió una época de premios y reconocimientos, de hecho estuvo a punto de pedir la excedencia. Confiesa que ha tenido periodos largos de dejar de pintar…
No he sido un pintor prolífico, a veces he estado cinco o seis años sin coger los pinceles.
La aportación de algunas firmas contestatarias en aquella época franquista, entre ellas la de Sanmartín, fue significativa, ante la complacencia y el temor permanente. Una búsqueda interminable en un universo plástico que proclamaba renovarse continuamente.
¿Qué tipo de arte le ha ido absorbiendo a lo largo de su carrera?
A los quince años el impresionismo, recuerdo cuando compré en 1969 mi primer libro de pintura que aún conservo, me abrió los ojos, es un clásico, muy pronto me agradaron los expresionistas alemanes, y en la actualidad me gusta casi toda la pintura, con la excepción del arte conceptual, pero reconozco que no le dedicado tiempo a entenderlo.
Hábleme de ese tiempo que transcurre frente a un lienzo…
Nunca hago un ensayo, nunca hay un boceto, siempre directo a la tela. Podrían pasar días, pero con una hora ya sé si aquella obra empezada tiene fuerza. Si va bien, entonces es perfecto, de lo contrario puede llegar la noche y me voy a dormir inquieto, nervioso, pensando en los siguientes pasos, los colores, o si la debo modificar de una u otra manera. A veces sé que acabaré tirando el trabajo a la basura. Eso es frecuente de diez cuadros que uno empieza, suelen quedar dos o tres.
¿Si hiciésemos un viaje por la historia del arte en que episodios haríamos parada?
Seguro que disfrutaríamos de ver las maravillosas “miniaturas en los libros medievales”, los frescos de las pinturas románicas, me conmueven los románticos alemanes, los grandes abstractos americanos, las obras del noruego Edvard Munch como precursor del expresionismo, me fascinan, pero también la pintura de maestros españoles como Vázquez Díaz. No acabaría nunca, hay tanta pintura buena. Los maravillosos grabados de Beckman, o de Otto Dix.
¿Qué aficiones le han acompañado?
Siempre me gustó bucear, ir con uno o dos amigos. El ritual de ponerme el traje de goma, los patos, quedar rodeado del azul del mar en el fondo ¡Qué placer! Un día compre un velero en Málaga de 8,5 metros cada año en verano solía ir hasta Formentera y pasaba un mes. Eran días maravillosos. Disfrutaba de pescar y eso no he dejado de hacerlo, aunque no es lo mismo ahora soy pescador de caña en las rocas.
Usted que ha sido un ferviente lector y coleccionista de literatura.
¿Qué libros son imprescindibles?
Sin duda las obras de la gallega Emilia Pardo Bazán y del argentino Jorge Luis Borges.
¿Le ocurre lo mismo con la música, tiene favoritos?
Sí, compositores modernos desde 1890, Ravel, Rachmaninov, Falla, Arvo Pärt, entre otros. La lista es más larga.
De aquellos viajes que uno hace, siempre hay uno que es inolvidable.
¿Cuál sería el suyo?
En los años 70 marché con un amigo en autostop hasta Suecia, donde nos esperaban unos amigos suecos. Salimos de Barcelona sin éxito y optamos por ir en tren hasta Lyon, a partir de ahí ya no hubo problemas para viajar a dedo. Dormíamos al raso o cubiertos en algún lugar que la gente nos permitía. Recuerdo caminando por Lübeck y tener la sensación de estar en el interior de una película expresionista.
Años después he ido en coche para repetir la experiencia y llegando hasta Noruega para ver en directo las obras de mi admirado Munch.
En ese momento paramos. Le llamaron por teléfono y aproveché para tomar unas fotos y me dejé llevar por la cadencia de aquellas obras que colgaban de las paredes. Me acordé de tantas piezas que había visualizado de este genial artista, en las que en un expresionismo figurativo y casi espiritual nos muestra a seres a los que el espectador le es indiferente y posiblemente tiene que ver con su carácter al que a veces algunas personas han aludido haciéndole esta reflexión.
Me quedé observando ese gesto de su lenguaje que surge de una inconsciencia innata, y que cuestionaría la razón al mismo Aristóteles cuando decía que “el arte imita a la naturaleza”, ¡No! maestro, no. Quizás en algunos casos, en este no.
¿Si le diesen la oportunidad de pedir un deseo?
Que hubiese más educación y respeto.
¿Se ha emocionado delante de una pieza de arte?
Si con “El Matí de Pasqua” de C.D. Friedrich, la fuerza que transmite, la luz de aquella fría mañana y con algunos paisajes de Munch.
¿Qué aborrece en el ser humano?
Por encima de cualquier otro concepto, la ignorancia.
¿Qué temas de actualidad la interesan?
La política y los temas sociales.
¿Cuál escogería como uno de los días más emocionantes de su vida?
El nacimiento de mi hijo Toni.
¿Qué acontecimiento internacional le cuesta entender?
La infamia de Gaza.
¿Qué le ha dado dedicarse al arte?
Al principio tenía mucha ilusión, la satisfacción de recibir premios, la libertad de pintar a mi antojo, charlas con los amigos con los que disfrutaba tanto, me ha dado momentos insuperables.
¿Qué le molestaría oír sobre su pintura?
Que la gente dijera que la ve aburrida.
Me gusta saber que una obra mía puede emocionar a una persona y ver que comparte conmigo esa emoción. Para mi es suficiente para justificar tantos años comprometido con este oficio
¿Dónde le gustaría ver expuesta una obra suya?
En Es Baluard, o en una colección particular de alguien que ama el arte.
¿Qué anotaría en un diario para referirse a su carácter?
Con mi grupo de amigos siempre he sido empático, pero en general de carácter introvertido, solitario, distante, poco participativo, a veces me critican, dicen que tengo el defecto de pecar de indiferente.
¿Cómo es un día cualquiera en su vida?
Es extremadamente sencillo, dedico unas horas a caminar o estar con los amigos (los pocos que me quedan) y el resto del día a pintar, escribir, leer. No sigo el arte como lo hacía antes, vivo una época tranquila.
¿Puede descubrirnos algún proyecto?
Mi contestación a eso siempre es; ya veremos. De un tiempo a esta parte hago obras de formatos menores y por lo demás soy paciente.
Habíamos llegado al final de la entrevista y me dedicó su catálogo “trajectòries” una retrospectiva que realizó en el año 2000 en Sa Llotja y que recogía trabajos desde 1970 hasta el 2000.
Seguro que hemos obviado muchas cosas, pero ha sido un placer pasar a saludarte y charlar este rato.
Igualmente para mí. Gracias por tu visita.- Me contestó.
Texto: Xisco Barceló
Un comentario
brillante entrevista como todas las tuyas.
un saludo amigo xisco