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Camp Redó: Misión imposible
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(Foto: J. Fernández Ortega )

Camp Redó: Misión imposible

Por José Luis Crispín / J. Fernández-Ortega
domingo 20 de marzo de 2022, 06:00h
Son las 10 de la mañana y ya se observan las primeras latas de cerveza esparcidas por las aceras en Camp Redó. Cerca, en el parque de Can Simonet, unos madrugadores indigentes procedentes del centro de acogida Ca l'Ardiaca ocupan los bancos, ociosos y con escasas perspectivas de futuro. Mallorcadiario.com ha visitado la barriada en compañía de las que se denominan Abuelas de Camp Redó, mujeres que llevan muchos años sufriendo por un barrio que pese a su constante lucha por revitalizarlo, lo dan irremediablemente por perdido. Drogas, alcohol, violencia y desidia son el pan de cada día en Camp Redó. El miedo a que llegue la noche, en especial los fines de semana, les provoca problemas de insomnio, ansiedad y rabia. Una barriada que tiene en su núcleo negro situado en las viviendas sociales de Camp Redó, en el parque de Can Simonet y en la calle Cotlliure, el epicentro de un cáncer social que nadie quiere o sabe extirpar.

Ni nombres y mucho menos fotos. Esta es la única condición exigida para poder hablar de Camp Redó. Se hacen llamar las Abuelas de Camp Redó y llevan arrastrando las miserias del barrio a lo largo de muchos años. Así que las llamaremos con nombres ficticios. Celia lleva 27 años viviendo en el barrio: "Es un barriada dejada de la mano de Dios. A los políticos les importa una mierda esta zona y todas las barriadas del extrarradio. Si realmente hubiese voluntad política, esto se arreglaba en dos días pues aquí lo que realmente hace falta es un plan integral para las viviendas sociales de Camp Redó. Ahora lo único que vemos todos los días son trapicheos, drogas, inseguridad y viviendas okupadas. Digan lo que digan, cada día vamos a peor".

"Vivimos en un constante estado de miedo, nervios, ansiedad, inseguridad y estamos medicadas", lanza Carme cansada de tantas promesas incumplidas. "¿Que si seguiríamos viviendo en el barrio? Te aseguro que para nada. Si pudiésemos irnos, nos iríamos ahora mismo, pero es que económicamente no podemos", se lamenta. ;

"Vivimos en un constante estado de miedo, nervios, ansiedad, inseguridad y estamos medicadas"

La palabra más utilizada por estas mujeres mayores es 'miedo': "Tenemos mucho miedo, en especial por nuestros hijos y nietos. No pueden acercarse a jugar al parque de Can Simonet porque está lleno de indigentes procedentes de Ca l'Ardiaca que lo único que hacen es beber, orinar, defecar, lavar la ropa e incluso fornicar. Este parque es especialmente conflictivo los fines de semana", proclama apesadumbrada Encarna.

Al lado del pequeño parque donde se asienta un conocido supermercado, se encuentra una oficina de la Policía Local. "¿La Policía Local? -exclama con fuerza María-, pues lo de siempre. Nos dicen que no tienen efectivos y que, por tanto no pueden hacerse cargo de todos los problemas de la zona. Nos aseguran que saben perfectamente lo que está pasando y que existen soluciones pero que están atados de pies y manos. Que hablemos con Hila ( el alcalde)".

LLEGA LA NOCHE

Pero lo peor está por llegar. La noche se convierte en 'zona de guerra', en un desmadre sin fin. Encarna lo explica con meridiana claridad: "Muchos de los indigentes de Ca l'Ardiaca pasan de ir a dormir a ese centro porque prefieren hacerlo en el parque o en la plaza. La gente cree que lo que pasa en las viviendas sociales (denominadas popularmente Corea) se queda allí y no es cierto. Cotlliure es una de las calles que más padece los descontroles que generan algunos de los que viven en estas viviendas sociales. En verano aquí es imposible vivir. Yo misma tengo que dormir con las ventanas cerradas para no oir el ruido que provocan los gritos, las fiestas y las carreras de motos; mi casa tiembla y eso que vivo en un sexto piso".

Abandono y degradación

Vandalismo en el parque de Cotlliure

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Ante este panorama, salir a la calle en el barrio es de valientes, osados o inconscientes. La inseguridad no respeta ni la edad: "Aquí, en cualquier momento te pueden dar un susto. Recuerdo que durante la pandemia salí a pasear a mi perro y cuando ví a algunos jóvenes sin mascarillas les dije que se la pusiesen. Tuve que irme porque me querían pegar. Otro día que tenía que ir a Palmanova a trabajar, pasé por las viviendas sociales muy despacio porque había niños jugando en la calle. Uno de ellos le pegó una patada al retrovisor. Cuando me dispuse a bajar para ver los desperfectos y decirle algo, preferí no hacerlo, ya que suelen defenderse en manada", recuerda con tristeza María.

UN EJE CÍVICO QUE NO AGRADA A NADIE

Entonces, visto lo visto ¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿Cómo salir de este pozo social?: "La única solución es ejecutar un realista plan integral de las viviendas; no hay otra solución por mucho que digan cosas raras y esto pasa por un acuerdo político. El problema es que los partidos políticos del Ayuntamiento de Palma, utilizan Camp Redó en sus campañas electorales prometiendo lo que no han cumplido y sabiendo que no lo van a cumplir. ¿Porqué nos quieren meter un eje cívico que nadie quiere y no se preocupan por los verdaderos problemas de los ciudadanos de esta barriada? Sólo saben comer la torradora engañando a los vecinos y a la gente mayor para que les voten, especialmente Hila. Todo son promesas que después no cumplen. Se creen que nos vamos a conformar por cambiar un par de tuberías", sentencia Celia.

El futuro eje cívico de Cotlliure se ha convertido en objeto de mofa. "Para empezar, cuando el ayuntamiento reunió a los comerciantes para explicarles de qué iba esto del eje cívico, a las entidades y vecinos ni nos llamaron. De todas formas, nos vamos reir bastante cuando se ponga en marcha este eje cívico ya que se va a convertir en un verdadero circuito de motos para disfrute de los más jóvenes. Y eso de sentarse en los bancos, nada de nada, porque a ver quién es el guapo que se sienta en un banco ocupado por indigentes, drogadictos y borrachos". ;

"El eje cívico de Cotlliure se va a convertir en un verdadero circuito de motos para disfrute de los más jóvenes".

Por si no tuviesen suficiente, el cierre del mercado municipal ha matado una de las pocas alegrías que le quedaban a los vecinos: "Antes, con el mercado, los vecinos acudían para comprar productos locales y ahora lo único que ves por los alrededore es indigentes, suciedad y ratas. A peor no podemos ir", relata María.

"Lo que están en este gobierno municipal no sirven para nada. No confiamos en que se pueda arreglar esto, sólo han hecho chapuzas y poner parches. Nos mienten constantemente y preferiríamos que nos dijesen la verdad. Perpinyá incluso nos dijo que los responsables del incivismo eran los vecinos. Este ayuntamiento va de víctima y lo único que sabe hacer es buscar aliados en otras partes que aplaudan sus proyectos", concluye María.

Celia, Carme, Encarna y María, aunque les gustaría ser más optimistas, pintan muy negro el futuro de Camp Redó: "No confiamos en que esto se pueda arreglar; lo único que hacen son chapuzas y poner algunos parches. Nos mienten constantemente y así nos va. Este ayuntamiento va de víctima y, mientras tanto, la barriada se hunde".

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