Ritmos africanos, repetitivos, circulares, sonoros, que invitaban a bailar. Imposible quedarse quietos. Pero la joven caboverdiana Elida Almeida, de tan solo 24 años, ofreció mucho más como cabía esperar en este festival Nits de Tànit que pone el acento en las músicas del mundo y permite conocer y explorar otros territorios, quizás minoritarios, pero interesantes y atractivos. Baladas intimistas, canciones de amor, reivindicativas, pop clásico aderezado con blues. Una auténtica fusión plagada de talento y ganas de hacer disfrutar al público.
Otra vez pinchazo en cuanto al público asistente. Unas 80 personas que no cubrían la mitad del aforo de la explanada exterior de la UIB en Vila, algo que debe dar de pensar al Consell d’Eivissa, aunque de eso hablaremos otro día.
Elida Almeida subió al escenario sobre unos preciosos tacones rojos y acabó descalza. También el público acabó descalzo y casi desnudo, metafóricamente hablando, claro está, porque la música auténtica, comprometida, directa y fresca, tiene el don de transportarnos y también de desnudarnos, poniéndonos frente a frente con los artistas en un diálogo. Aún en una lengua ininteligible, es capaz de llegar a corazón y emocionar. Eso sucedió el domingo.
Frescura, sinceridad y ritmo. Y una voz de mujer africana llamada a ser una de las grandes voces de África.
Nits de Tànit cumple su propósito de abrir nuevas sendas musicales a los ibicencos, de manera que ellos mismos las exploren por sí tras estas incursiones deliciosas en parajes hasta ahora ignotos para la mayoría.






