Oscar Puente sigue dando explicaciones sobre el accidente de Adamuz. Él y su partido están muy orgullosos de lo mucho que ha hablado, aunque no todo haya sido coherente. Recordemos la secuencia.
Al principio, mientras buscaba cómo echar la culpa al Partido Popular, dijo que era un accidente muy raro. ¿Tal vez un sabotaje? Luego, ante la evidencia de que el gestor de las infraestructuras (ADIF) y el operador RENFE dependen de su Ministerio, intentó culpabilizar al operador privado y sugirió que Iryo emplea trenes obesos. Desde luego el mantenimiento no tenía nada que ver, porque esa vía había sido sometida a una renovación completa, a una renovación integral. Cuando salieron detalles (el propio Ministro, por descuido, aportó una foto en la que se veía que la fecha de fabricación de uno de los raíles en el tramo accidentado era 1989) se enfadó muchísimo con la prensa crítica y la ultraderecha, que para él es lo mismo. En este mundillo todo el mundo sabe que renovación completa no quiere decir renovación completa, dijo airado, y en RTVE Javier Ruiz salió a decir eso mismo pero con gráficos. Luego Silvia Intxaurrondo le hizo una entrevista tan suave que al ministro se le escapo un «así da gusto» al final, como si en vez de emerger de RTVE saliera de Sauna Adán. Mientras tanto un informe de ADIF explicaba que una renovación completa era exactamente eso, una renovación completa en la que se cambian raíles y traviesas. Y El Mundo adelantó que el fallo parecía estar en la soldadura de un rail viejo con uno nuevo. Esa mañana, Oscar Puente se volvió a enfadar muchísimo y hablo de bulos y pseudomedios, y por la tarde volvió a dar unas declaraciones en las que confirmaba exactamente la versión del pseudomedio en cuestión. Finalmente el pasado martes volvió a comparecer, y explicó que finalmente el problema sí que estaba en el mantenimiento, pero que «la infraestructura no es una tetera que se pueda arreglar en dos días». Esta declaración era un poco extraña porque nadie tiene teteras ni mucho menos ha pasado dos días reparándolas; y de paso porque su Gobierno no lleva dos días sino casi nueve años en el Gobierno, tiempo que da para reparar muchas teteras. Pero Puente siguió hablando y señaló un doble culpable: el Partido Popular, que no había hecho el mantenimiento necesario (hace nueve años), y el cambio climático, que como todo el mundo sabe también es culpa del Partido Popular por negacionista. Esta conclusión fina es un poco extraña , porque hasta hace poco Oscar Puente defendía (contra toda evidencia) que el ferrocarril vivía su mejor momento, y anunciaba su intención (quizás para combatir los estragos del cambio climático y la falta de mantenimiento del Partido Popular) de lanzar los trenes a 350 km/h.
Entiendo que toda esta historia es francamente farragosa. Pero de toda ella se pueden sacar dos, o quizás tres, enseñanzas. La primera deriva de una sorprendente observación: tanto el Gobierno, como el propio Oscar Puente, dicen estar orgullosos (lo llaman transparencia) de esta sucesión, inconexa y disparatada, de explicaciones. Esto en un accidente que ha ocasionado 46 víctimas mortales. Y con esto revelan que lo relevante para ellos no es tanto el accidente como la gestión comunicativa del mismo. Sabemos desde hace mucho tiempo (al menos desde la pandemia) que el Gobierno subordina la realidad al «relato» (toda su gestión se reduce a éste, en realidad). Y este episodio vuelve a confirmarlo.
La segunda lección es que uno puede aventurarse en la gastronomía de las deconstrucciones alimentarias y en la esferificación de alimentos, pero al final siempre se vuelve a la tortilla de patatas. De modo similar el Gobierno, después de dar muchas vueltas, vuelve siempre a la misma receta sencilla: echar la culpa a la oposición. Este método está tan arraigado que, el pasado lunes, a pesar de que obviamente no tenía la menor competencia en el asunto, el líder de la oposición tuvo que acudir a la comisión de investigación de la DANA en el Congreso para dar explicaciones. Y eso sin que hayan sido convocados el presidente del Gobierno o la que era Ministra de Transición Ecológica; recordemos que, por mucho ruido que se haga con el Ventorro, y mucha incompetencia que haya desplegado Mazón, lo único que, de forma realista, podría haber evitado las muertes habría sido una correcta canalización de la rambla del Poyo.
Feijóo recordó que, si las competencias de ADIF hubieran sido suyas, Rufián habría aparecido en el Congreso con un trozo de raíl y le habría llamado asesino. Tenía razón, y esto nos lleva a la tercera enseñanza. Nuestros actuales gobernantes no son especialmente listos; sencillamente, tienen muchos menos escrúpulos que la media. Si sacrificar niños a Moloch favoreciera las perspectivas electorales, un político que lo aprovechara no sería más listo, sino más malo. Pero todo se acaba agotando, incluso los niños sacrificables, o llamar asesinos a los representantes políticos de media España. Sencillamente, la cosa ya no funciona. Y ahora, a pesar de la prensa sincronizada, a pesar de Diego Rubio y su interminable ejército de propagandistas, se acaban los conejos en la chistera y se ve a los prestidigitadores como realmente son. Malos.




