Investigador y profesor CESAG

Jaime Vázquez Allegue: “La inteligencia artificial está resolviendo enigmas que llevaban 80 años bloqueados”

Jaime Vázquez Allegue sosteniendo el libro Qumrán en una biblioteca

Jaime Vázquez Allegue, investigador y profesor, acaba de publicar Qumrán. Los manuscritos del Mar Muerto y los descubrimientos desvelados por las nuevas tecnologías, una obra que ofrece una radiografía actualizada de uno de los campos más complejos y fascinantes de la investigación histórica. El punto de partida del libro no es solo académico, sino también profundamente vital: más de veinticinco años dedicados a reconstruir fragmentos que, en muchos casos, apenas caben en la palma de una mano.

Jaime Vázquez Allegue habla con la calma de quien ha pasado media vida reconstruyendo textos rotos, fragmentos diminutos que apenas caben en la palma de la mano y que exigen una precisión extrema. Durante años, su trabajo fue encajar piezas casi invisibles, sostener hipótesis durante meses y asumir que una sola línea podía requerir años de investigación. Hoy, sin embargo, introduce un elemento que lo altera todo: “La inteligencia artificial está resolviendo problemas que llevaban 80 años sin solución”.

Su último libro, Qumrán. Los manuscritos del Mar Muerto y los descubrimientos desvelados por las nuevas tecnologías, nace precisamente de esa constatación. “El subtítulo casi pasa desapercibido, pero es clave”, explica. El origen está en una ponencia presentada hace tres años en la Universidad Pontificia Comillas, en Madrid, donde abordó el papel de las nuevas tecnologías en los estudios bíblicos. A partir de ahí surge la propuesta editorial. El resultado es una obra de consulta que ordena el presente de la investigación.

“Los descubrimientos actuales no se entienden sin la irrupción de las nuevas tecnologías”

DEL DESCUBRIMIENTO AL DESAFÍO

El punto de partida se sitúa en 1947, en el desierto de Judá. Un hallazgo fortuito realizado por unos beduinos sacó a la luz uno de los conjuntos documentales más relevantes del siglo XX: más de 800 manuscritos fechados entre el siglo III a. C. y el año 70 d. C., entre ellos las versiones más antiguas conocidas de la Biblia hebrea.

La magnitud del hallazgo quedó pronto condicionada por su estado de conservación. “No son libros; son fragmentos”, subraya Vázquez. Más de 8.000 piezas, muchas de ellas minúsculas y sin continuidad aparente, han marcado durante décadas el ritmo de la investigación. “Es un puzzle gigantesco. El reto nunca fue encontrarlos, sino interpretarlos”, resume.

DEL PAPEL CEBOLLA A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Durante décadas, el trabajo se apoyó en métodos manuales: superposición de fragmentos, análisis visual de la escritura y reconstrucciones sustentadas en la experiencia acumulada. Vázquez se formó en Jerusalén dentro de ese contexto. “Utilizábamos papel cebolla”, recuerda, al describir un proceso casi artesanal en el que cada hipótesis requería tiempo, intuición y una sólida defensa argumental.

La llegada de lo digital no supuso un cambio inmediato. “A comienzos de los años 2000 ya existían herramientas informáticas, pero muchos investigadores siguieron trabajando de forma analógica durante años”, explica el escritor, para quien “ese retraso no fue casual”: respondía a una forma de entender la investigación en la que el proceso tenía tanto peso como el resultado.

“El ordenador calcula, pero no interpreta: el especialista sigue siendo imprescindible”

El salto real llega con la inteligencia artificial: un sistema que no formula hipótesis, sino que trabaja a partir de cálculos, probabilidades y análisis de patrones, permitiendo comparar escrituras, materiales o estilos de copista con una precisión inédita. El impacto es directo: fragmentos que durante décadas permanecían aislados empiezan a encajar, y problemas que llevaban 80 años bloqueados encuentran solución.

La diferencia también se mide en tiempo: “Yo escribí 500 páginas para reconstruir dos lagunas”, explica, señalando la distancia entre el modelo tradicional y el actual. Hoy el proceso se ha acelerado de forma radical: y la investigación ha entrado en una fase mucho más dinámica.

EUROPA COMO CENTRO DE OPERACIONES

Uno de los aspectos menos visibles de esta investigación es su geografía: aunque los manuscritos fueron hallados en Oriente Próximo, buena parte del trabajo actual se desarrolla en Europa, concretamente en Groningen, en los Países Bajos. Allí se encuentra uno de los principales centros de estudio: un espacio concebido desde el inicio como terreno neutral.

“La Universidad de Groningen se convirtió en un territorio neutral para estudiar los manuscritos”

La decisión tiene raíces políticas: el descubrimiento de 1947 coincide con la creación del Estado de Israel en 1948, en un contexto de fuerte tensión regional. Para evitar disputas sobre el control académico de los textos, se optó por trasladar su estudio a Europa: una solución que hoy explica la presencia de equipos internacionales y perfiles técnicos en el corazón de esta investigación.

RECONSTRUIR NO ES INTERPRETAR

La entrada de la inteligencia artificial ha modificado también el perfil de los investigadores: cada vez hay más especialistas en informática capaces de reconstruir textos a partir de fragmentos, aunque sin formación específica en historia o filología. “Pueden recomponer un manuscrito, pero no necesariamente entenderlo”, advierte Vázquez: señalando una de las tensiones del momento actual.

Esa diferencia marca el límite entre técnica y conocimiento: el algoritmo propone combinaciones posibles, pero es el especialista quien debe validar su sentido, situarlas en contexto y darles coherencia. La investigación se ha vuelto más rápida: pero sigue necesitando una lectura crítica que no puede automatizarse.

DEL RELATO HISTÓRICO AL MÉTODO

Antes de este giro tecnológico, Vázquez ya había abordado el universo de Qumrán desde otras perspectivas. En Los manuscritos del Mar Muerto: La fascinante historia de su descubrimiento y disputa (2023), reconstruye los primeros años tras el descubrimiento, combinando documentación histórica con una narración que sigue el día a día de aquel proceso. Este ensayo novelado parte de una escena casi legendaria: la búsqueda de una cabra perdida en el desierto que acaba conduciendo a uno de los hallazgos más importantes del siglo XX.

Ese relato va más allá del episodio arqueológico: incorpora el contexto político del momento, marcado por la proclamación del Estado de Israel y el inicio del conflicto entre judíos y palestinos por el control del territorio. La obra muestra cómo los manuscritos fueron interpretados también como un elemento de legitimación histórica: una prueba de la presencia judía en la región desde la antigüedad.

Un año después publicó El Intertestamento (2024), centrado en el periodo comprendido entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, clave para entender el contexto religioso, social y político en el que fueron escritos muchos de los textos de Qumrán.

Su nuevo libro responde a otra lógica: aquí el foco no está en el relato, sino en el método. La obra reúne cerca de 800 manuscritos reconstruidos a partir de miles de fragmentos e incorpora la inteligencia artificial como herramienta central para ordenar y reinterpretar el material conservado.

El nuevo libro, responde a otra necesidad: ordenar el conocimiento acumulado y explicar cómo las nuevas tecnologías están transformando la investigación. “Es una obra de consulta”, explica: un trabajo que reúne unos 800 manuscritos reconstruidos a partir de miles de fragmentos, integrando la inteligencia artificial como herramienta central de análisis.

UNA VIDA ENTRE MANUSCRITOS

Doctor en Teología Bíblica y también en Periodismo, Jaime Vázquez Allegue ha desarrollado una trayectoria singular que combina investigación, docencia y divulgación. Ha estudiado en centros de referencia en Roma y Jerusalén y actualmente es profesor en el CESAG, adscrito a la Universidad Pontificia Comillas.

Su carrera ha estado marcada por una constante: explicar lo complejo sin simplificarlo. Desde diccionarios especializados hasta ensayos divulgativos, su obra busca acercar al gran público un campo tradicionalmente reservado a especialistas.

“He intentado siempre explicar sin perder rigor”, señala. Esa vocación atraviesa una producción de quince libros en la que conviven trabajos técnicos con títulos pensados para lectores no especializados. Su último libro se inscribe precisamente en esa línea: rigor académico, voluntad divulgativa y una mirada puesta en el futuro de la investigación.

PRESENTACIÓN LIBRO EN PALMA

El escritor Jaime Vázquez presentó su nuevo libro en Palma el pasado jueves 16 de abril, en un acto celebrado en la librería San Pablo. Cabe precisar que no es la primera parada de esta presentación: el autor ya había dado a conocer su obra en A Coruña, el miércoles 8 de abril.

UN CAMBIO SIN VUELTA ATRÁS

El horizonte es claro: avanzar hacia la identificación de la totalidad de los fragmentos y reconstruir con mayor precisión el conjunto de los textos. El puzzle empieza a cerrarse y, con él, se abre una comprensión más completa del judaísmo del Segundo Templo y de los orígenes del cristianismo.

El desafío de fondo, sin embargo, permanece intacto: interpretar con rigor textos escritos hace más de dos mil años. Vázquez lo resume con claridad: la inteligencia artificial acelera los procesos, pero el sentido sigue dependiendo del investigador.

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