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Los ejes cívicos

Por Josep Maria Aguiló
sábado 22 de enero de 2022, 04:00h

En estas soleadas y frías mañanas de invierno, me gusta pasear siempre que puedo por uno de nuestros dos ejes cívicos, el de Blanquerna, pues el de Fàbrica me pilla normalmente un poco más lejos. El nombre mismo que utilizamos para definir ambas zonas de Palma, el de eje cívico, nos remite ya directamente a algo positivo y bueno, al término «civismo», que en su segunda acepción en el diccionario de la Real Academia es definido como el «comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública».

Ese comportamiento respetuoso es el que, como felices o algo menos felices residentes palmesanos, seguramente esperamos poder encontrar no sólo en Blanquerna o en Fàbrica, sino también en cualquier otro punto de nuestra querida ciudad, sobre todo si tenemos en cuenta que entre los sinónimos de «civismo» se encuentran «urbanidad», «cortesía» o «educación», entre otros.

Aun así, la experiencia suele demostrarnos que ese anhelado deseo de poder ser testigos de un comportamiento ejemplar más o menos generalizado suele ser, normalmente, un deseo muy parecido al de que nos acabe tocando algún día el Gordo de Navidad. Así que a la espera de que algún año nos toque por fin, efectivamente, la Lotería, de momento podemos disfrutar al menos de los distintos espacios públicos más o menos tranquilos que nos ofrece Palma, entre ellos los dos citados ejes cívicos.

De hecho, cuando entramos en el eje de Blanquerna o en el de Fàbrica, a veces parece como si de repente, o por arte de magia, entrásemos en otra ciudad, en una ciudad en la que uno tiene más ganas de pasear, de reflexionar y de disfrutar, que es lo mejor que nos puede pasar si vivimos en una ciudad, o si simplemente somos turistas o visitantes en ella. En Blanquerna o en Fàbrica podemos, además, redescubrir o recorrer con calma espacios por los que años atrás solíamos pasar normalmente sin casi apenas fijarnos, a veces incluso con algunas prisas o con una cierta ansiedad.

En algunas ocasiones es posible que pensemos quizás ahora también que seguramente estaría muy bien poder sentarnos sosegadamente en una terraza, mientras vemos cómo va atardeciendo o cómo va llegando la noche, imaginando que efectivamente estamos en otra ciudad, aun siendo también la nuestra al mismo tiempo. Confiemos en poder tener también las mismas buenas sensaciones cuando se abra el nuevo eje de Nuredduna, que además tendrá la ventaja de que estará un poco más cerca de casa.

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