J. J. Binimelis, Bordados Valldemossa

"Somos la única tienda de bordados que queda en el centro de Palma"

Hombre mayor en una tienda de bordados en Vallemossa

Bordados Valldemossa abrió sus puertas en 1968, en la calle Oms, de la mano de Juan José Binimelis Puig (Palma, 1939), quien un año y medio después trasladó su tienda a la calle Sant Miquel, en donde continúa todavía. «El 5 de abril del próximo año se cumplirán 56 años del momento en que hicimos ese cambio», indica.

Un hecho que cabe destacar es que Juan José Binimelis fue la primera persona de su familia que se dedicó a la venta de artículos de costura tradicional, como por ejemplo ganchillos o bordados.

"Mi padre tenía tres fábricas de zapatos en Llucmajor y luego creó Almacenes Gabi —acrónimo de Gabriel Binimelis— en la Porta de Sant Antoni, un negocio que tuvo que cerrar sus puertas después de unos cinco años, porque una entidad bancaria le arruinó", recuerda con tristeza.

Por lo que respecta ya a Bordados Valldemossa, Juan José explica que el traslado de la tienda originaria de la calle Oms a otra en la calle Sant Miquel —en 1970— se produjo porque la calle Sant Miquel le parecía "una ubicación mejor". Desde entonces, este comercio ha vendido y sigue vendiendo sábanas, mantelerías, caminos de mesa o pañuelos, entre otros productos. Además, hace unos diez años empezaron a vender también telas mallorquinas. "Con la roba de llengües hacemos cojines, bolsos, monederos o llaveros", especifica.

Tienda de bordados Valldemossa con productos en exhibición
Vista exterior de la tienda, en la calle Sant Miquel. Foto: J. Fernández Ortega

COMERCIO TRADICIONAL

"En la actualidad, somos la única tienda de bordados que queda en el centro de Palma", desvela Juan José, quien a continuación añade que "en los últimos tres años han desaparecido un total de quince tiendas de bordados" en Ciutat.

Nuestro interlocutor atribuye ambos hechos a la competencia que suponen las grandes superficies y a que en muchos de aquellos negocios sus dueños se han jubilado sin que se haya producido el necesario relevo generacional. "Yo mismo ganaría mucho más dinero si alquilase mi local y me dedicase a pasear, pero mi doctora no me deja, porque soy diabético y quiere que siga activo", asevera.

Juan José es viudo y tiene tres hijos, que en principio no seguirán con Bordados Valldemossa. "Las generaciones actuales no tienen el espíritu de sacrificio que tuvo nuestra generación, que estaba acostumbrada a trabajar sin descanso, para poder ganar un duro y ahorrarlo", recalca. A lo largo de la entrevista, nos escucha atentamente Teresa, que trabaja aquí como dependienta desde hace unos veinte años. "Sabe más que yo", dice Juan José de forma cariñosa.

Bordados artesanales en una tienda de Vallemossa, Mallorca.
Bordados Valldemossa vende artículos de costura tradicional. Foto: J. Fernández Ortega

NOSTALGIA DEL AYER

Los productos que vende Bordados Valldemossa están hechos en Mallorca y en la Península, una circunstancia que también distingue a esta tienda de otros comercios de similares características. "Uno de los problemas que tenemos en la actualidad es que hay antiguos proveedores que ya no disponen de tanto género como antes, lo que te obliga a hacer hoy compras que quizás no harías, en previsión de que ya no puedas hacerlas mañana", lamenta.

Por otro lado, Juan José evoca con nostalgia la época en que apenas existían franquicias en la calle Sant Miquel y en que había una actividad comercial completamente diferente. "Además, por Navidad sorteábamos un coche para los clientes y por Sant Antoni sorteábamos un cerdo, que eran dos promociones especiales que ya han desaparecido", rememora. En este contexto, Juan José nos comenta también que "la antigua Asociación de Comerciantes de Sant Miquel contaba hace unos años con 96 asociados, mientras que ahora sólo somos tres".

Otro dato que conocemos a lo largo de la entrevista es que hoy en día la mayoría de clientes de Bordados Valldemossa siguen siendo mujeres, "de todas las edades". En verano, las ventas suelen aumentar, gracias a la presencia de los turistas. "En invierno hay también algunos", apostilla, algo que nosotros hemos podido comprobar personalmente casi al final de nuestra charla, cuando ha entrado en la tienda una pareja que hablaba en inglés.

Retrato de un hombre mayor con bufanda en un taller de bordados.
Juan José Binimelis abrió su tienda hace más de cincuenta años. Foto: J. Fernández Ortega

NUEVOS HÁBITOS

"Yo nací en la calle Caputxines de Palma, en una época en que aún había lecherías, carbonerías y pequeños colmados tradicionales, que hoy ya han desaparecido", subraya, a modo de constatación de que el mapa comercial de Ciutat que había a mediados del pasado siglo poco o nada tiene que ver con el que hay ahora.

Paralelamente, los nuevos hábitos a la hora de comprar que se están percibiendo en estas últimas décadas afectan tanto a residentes como a extranjeros. "Tengo unos clientes alemanes que poseen un chalet en Santa Ponça, que antes venían tres o cuatro veces al año portando una lista de compras para sus familiares y sus vecinos, porque entonces un marco alemán representaba al cambio 84 pesetas", señala.

El paso de la peseta al euro y el consiguiente aumento de la inflación supuso, en ese sentido, un perjuicio para el pequeño y mediano comercio en no pocos casos, así como también para el conjunto de la ciudadanía. "Un café valía ocho pesetas y hoy vale, si hacemos la conversión, doscientas pesetas", ejemplifica con claridad. Su visión del futuro más inmediato es, por todo lo que ha expuesto hasta ahora, más bien pesimista: "Nosotros estamos sentenciados, pues dentro de un tiempo casi todo serán franquicias".

Hombre mayor en una tienda de bordados en Valldemossa, Mallorca.
El propietario de Bordados Valldemossa aún va cada día a la tienda. Foto: J. Fernández Ortega

LABOR MUNICIPAL

Juan José ha conocido a todos los alcaldes y alcaldesas de Palma desde 1979, que fue el año en que volvió a haber elecciones municipales democráticas en España. Por ahora, el primer edil de quien guarda un mejor recuerdo es Joan Fageda, que gobernó en Cort durante tres mandatos, entre 1991 y 2003. "El alcalde que más pateó Palma fue Joan Fageda, que además hizo el Pla Mirall", enfatiza, para añadir: "Para mí, fue un gran alcalde".

Su percepción es mucho menos positiva cuando habla de Aina Calvo, de quien critica sobre todo que en su momento retirase la 'Cruz de los Caídos' "sin dar ninguna explicación". Esa retirada fue algo que le molestó mucho. "Tú puedes ser alcalde y tener tus ideas, y yo las mías, pero se han de respetar las ideas de ambos", afirma.

Fachada de la tienda Bordados Valldemossa en Mallorca
En las vitrinas pueden verse algunos de los productos que vende. Foto: J. Fernández Ortega

Al actual alcalde, Jaime Martínez, le pide que se eliminen "los manteros y las personas que piden limosna" de las calles de la ciudad, así como también que haya más actuaciones municipales en el centro histórico. Precisamente, uno de los grandes proyectos del actual equipo de gobierno para este mandato es la reforma integral de la Plaça Major. El propio alcalde presentó el pasado mes de abril el proyecto ganador del concurso de ideas convocado previamente, que priorizará la peatonalización y el desarrollo de espacios socioculturales en este lugar emblemático de Ciutat. Por otro lado, el casco antiguo de Palma ha sido una de las zonas en donde Emaya ha llevado a cabo con mayor intensidad su plan de choque.

Con estas y otras iniciativas, podremos ir constatando poco a poco la confluencia del pasado, del presente y del futuro en Palma, una ciudad que conocen muy bien las quince personas que hemos entrevistado a lo largo de estos últimos meses en esta sección y que han hecho honor al título de la misma: Un barrio. Una vida.

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