Sentado en una de las terrazas sobre un banco de madera y que en su espalda luce la leyenda: NO HAY ATARDECER SIN BESO, contemplo la hermosura de la Serra de Tramuntana y discurro por Selva, por Inca, por Binissalem y a lo lejos Consell y el aroma de la cocina del maestro Garreta va y viene y se te abre el apetito.
Quizá esta podría ser la primera parada cuando has aparcado fácilmente tu coche sobre la llanura después de ascender por las cuestas del Vell Camí al Puig de Santa Magdalena, un lugar de tradición y de peregrinaje. O quizá prefieras otro ángulo para fotografiar Formentor, Port d’Alcúdia o Port de Pollença, o la entrada de la Iglesia. Son 360 grados de una visión idílica.
A la derecha de la entrada un cartel indica: Restaurant Puig de Santa Magdalena. Me recibe en el distribuidor Tià Llompart que está al frente de la empresa.
En septiembre 2020 abrimos las puertas al público. Con muchas perspectivas, pero debido a la pandemia, con algunas dudas. A mí me agrada analizar las cosas, estudiar los mínimos detalles, desde los escandallos con las piezas de carne, hasta el trato personal a cada cliente y debe reconocer que la acogida ha sido sorprendente.
A la derecha, nos queda la entrada al comedor de la terraza, de frente un espacio escaparate de muestra de productos típicos, un espacio en donde te recibe un caballo de cartón piedra y la entrada a la sala del comedor interior, con una zona de descanso frente a una chimenea. ¿Cuál es vuestra especialidad?
Tenemos una extensa carta de platos tradicionales, paellas y vinos y principalmente la carne de vacuno madurada y que ofrecemos en sus distintas variedades. Desde vaca frisona, ternera gallega, hasta ternera de kobe, todas ellas con el certificado de garantía que permite la trazabilidad del producto que se consume. Así que cuando servimos a la mesa una plancha con la pieza de carne que el comensal ha solicitado u otro de nuestros platos especiales, bogavante con huevos fritos por ejemplo, sabemos que comienza un ritual de sabores y aromas y debemos procurar que ese tiempo sea mágico.
Un proyecto dirigido por Tià Llompart que se ocupa de las relaciones públicas y de negociar con los proveedores la compra de productos de máxima garantía. En la dirección de la cocina la experiencia de su padre, Toni “Garreta” y en el servicio, su madre Pili y su hermano Nico, además de un personal formado en torno a la empresa, conscientes cada uno de lo que llevan entre manos.
Para nosotros es primordial la impresión que se lleva el cliente de cuando ha pasado por aquí. Procuramos que el tiempo en que están en nuestros espacios, se sientan arropados y que sus comentarios y pensamientos sean para regresar a vernos o que se lo cuenten a sus conocidos.
Lo largo del camino o lo angosto de las curvas, no son obstáculo para subir hasta los casi 300 metros de altura sobre el nivel del mar.
El descansillo que va desde la entrada a la sala interior está presidido por un caballo de cartón que Sebastián Llompart regaló a su hijo Toni y que este mantiene desde su niñez y desde entonces se ha convertido en parte de la memoria y representa un vínculo entre la familia y ha llegado a formar parte de la historia de cada uno de ellos, el nieto Tià lo tuvo en su habitación, Nico también en la suya y ahora les acompaña en el restaurante.
Francisca Sampol
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