En los últimos días se ha popularizado una expresión llamativa: el “muro” en el mar de Noruega. No describe un fenómeno físico, sino una configuración meteorológica que, al instalarse en el norte de Europa, reorganiza la circulación de borrascas y termina influyendo en el tiempo de la Península.
La clave está en si ese “muro” —un bloqueo anticiclónico— se mantiene o empieza a debilitarse. Algunos escenarios de predicción apuntan a cambios a partir de la segunda semana de febrero, aunque con incertidumbre propia del medio plazo.
QUÉ ES, EN REALIDAD, EL “MURO” DEL MAR DE NORUEGA
El término se utiliza como metáfora de un bloqueo anticiclónico: una zona extensa de altas presiones que puede permanecer relativamente estática durante días o semanas. En este caso, el bloqueo se ha situado entre Groenlandia y Escandinavia, en el entorno del mar de Noruega, actuando como una “barrera” para la circulación habitual del Atlántico norte.
La AEMET define “bloqueo” como una situación en la que se invierte la disposición normal de las masas de aire en una región, con aire cálido más cerca del polo que el aire frío; dicho de forma sencilla, se distorsiona el carril por el que transitan las borrascas.
POR QUÉ UN BLOQUEO TAN AL NORTE ACABA AFECTANDO A ESPAÑA
Cuando un anticiclón se afianza en latitudes altas, las borrascas encuentran más difícil circular por su ruta habitual (más septentrional) y pueden “bajar” de latitud. Es lo que han descrito en los últimos días distintos análisis meteorológicos: una autopista de frentes atlánticos entrando por el oeste y alcanzando buena parte de la Península.
En paralelo, el anticiclón de las Azores —que a menudo actúa como escudo frente a frentes atlánticos— se ha mostrado más débil o desplazado, con menor capacidad para frenar la sucesión de bajas presiones. Esa combinación (bloqueo al norte + menos “tapón” subtropical) ayuda a entender la persistencia de episodios húmedos y ventosos.
EL CONTEXTO: LLUVIAS PERSISTENTES Y AVISOS POR TEMPORAL
El efecto práctico de esta dinámica es conocido por el ciudadano: más jornadas de lluvia, rachas de viento y temporal marítimo. En uno de sus avisos especiales, la AEMET describió un patrón atlántico “bastante estacionario” y una circulación polar obligada a discurrir por latitudes medias, favoreciendo el paso de sucesivas borrascas por el entorno de la Península.
Dentro de ese escenario, la AEMET advirtió de lluvias intensas y extraordinariamente persistentes con probabilidad alta (más del 70%) en el tercio sur y puntos del oeste, y apuntó a acumulaciones localmente muy elevadas en áreas de relieve expuestas al flujo del oeste.
Los datos ayudan a dimensionar la excepcionalidad del episodio. Meteored ha señalado que en la estación de Grazalema (Cádiz) se registraron 1.279 l/m² en enero, un récord mensual en esa serie, según AEMET.
CUÁNDO PODRÍA “CAER” EL MURO: LO QUE DICEN LOS MODELOS (Y LO QUE NO)
La pregunta que domina el debate meteorológico es si el bloqueo del norte se mantendrá o tenderá a ceder. Meteored (tiempo.com) situó un posible punto de inflexión a partir del 10 de febrero, en el marco de las salidas del modelo europeo en mapas semanales.
En una línea similar, un análisis publicado en Diario de Sevilla habló de señales de cambio hacia mediados de mes —a partir del 15 de febrero— vinculadas a la evolución del bloqueo sobre el mar de Noruega y al papel del anticiclón de las Azores.
Conviene subrayar dos matices. El primero: “caer” no implica un giro inmediato y homogéneo en todo el país. El segundo: a medida que se alarga el horizonte (más de 7–10 días), crece la incertidumbre y las previsiones deben leerse como escenarios probables, no como certezas cerradas.
QUÉ CAMBIARÍA EN ESPAÑA SI EL BLOQUEO SE DEBILITA
Si el bloqueo se desplaza o pierde consistencia, el carril de borrascas tendería a volver hacia latitudes más norteñas, con mayor tránsito por el norte de Europa. En ese caso, ganaría opciones una fase más estable en España, especialmente en el sur y el área mediterránea, a medida que el anticiclón de las Azores recupere presencia.
Eso no significa “fin del invierno” ni ausencia total de frentes —febrero es climatológicamente variable—, pero sí una menor persistencia del tren de borrascas si se confirma el cambio de patrón. Con suelos saturados y cuencas con respuesta rápida, incluso una tregua parcial puede ser relevante para el riesgo hidrológico; al mismo tiempo, los episodios intensos pueden seguir apareciendo de forma puntual aunque el fondo de la atmósfera cambie.








