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De vez en cuando servidor hace un forzado reset, normalmente asociado a algún trancazo o similar. Si tuviera que titular una novela sobre ello sin duda lo haría como El tiempo entre frenadoles. Pues bien, una de las escasísimas cosas buenas que tienen mis indeseados parones de unos días en
En medio de la refriega partidista y cainita a la que asistimos en nuestro país -genuinamente española, por otra parte- a cuenta de la distribución entre las diversas comunidades autónomas de los inmigrantes menores de edad que llegan a nuestras costas de forma irregular, me asalta una pregunta. ¿Por qué
Mientras eminentes europeístas, como el italiano Enrico Letta, ven en el actual escenario político mundial una excelente ocasión para rearmar las bases de la reconstrucción moral e industrial de la Unión Europea como una alternativa real a las dos potencias globales -EEUU y China-, las grandes empresas de nuestro continente
Mientras sus lacayos isleños -pobre Negueruela- se desgañitan clamando por la necesidad del decrecimiento y en contra de la cacareada masificación turística, culpando de la situación a la siempre pérfida derecha, Pedro Sánchez se sacó ayer de su chistera -que no viene de ‘chiste’, aunque en este caso lo parezca-,